La organización dentro de un chabisque depende de…

‘El Teke’ y ‘La cueva del Bate’, dos lugares de reunión para jóvenes completamente diferentes

Dos cuadrillas de Estella explican cómo se organiza la vida dentro de un chabisque; si hay normas, multas, horarios o si prima el libre albedrío. También, si existen cambios durante la semana más ajetreada y divertida del año, la de las fiestas, y si influyen factores como la experiencia, la edad o el sexo en la planificación de estos días.

CUADRILLA ‘EL TEKE’. C/ COMERCIO, 44
Ana Roa Pagola, Amaya García Benítez, Ione Echeverría Goenaga, Ángela Lezáun Domaica, Anne Portillo Ruiz de Larramendi y Beatriz Mediavilla

“Es una responsabilidad divertida”

Son jóvenes pero no inexpertas y han dejado alguna que otra frase
filosófica, porque es así como se llevan las riendas de su chabisque, con filosofía y humor. Según ellas, no podría ser de otra manera. Se definen como chicas locas, gritonas pero muy divertidas; se entienden muy bien entre ellas y, como ya zanjó Beatriz Mediavilla Medel, “mejor estar pocas y entenderse bien que muchos y mal”.
La de este año es su segunda intentona de tener un chabisque durante las fiestas de Estella y, precisamente, es este el motivo por el cual no son tan inexpertas. En su primer chabisque, decidieron compartir el alquiler con más gente. Lo que no pensaron fue que, el hecho de estar en el Sector B, un barrio que se caracteriza por su tranquilidad, indicaba que no iban a encajar de la mejor manera, y así fue. Bien por movidas por la música, la televisión, los gustos en general o incluso la gente, o bien porque, tal como han contado, gritan demasiado, por ‘a’ o por ‘b’, este grupo de chicas, y el resto, fueron desalojados un día antes del comienzo de las fiestas.

La organización era, ya lo dice Mediavilla, “mala, muy mala”. Sí, había normas y sí, cada incumplimiento suponía una multa, pero, explican, “como eran normas imposibles, nos habríamos arruinado, así que dejamos de cumplirlas”. Con los horarios de la limpieza ocurre algo parecido: existen, pero para saltárselos a la torera. “Limpiamos cuando está sucio y a veces quedamos para hacer limpieza general, pero normalmente va sobre la marcha”, cuenta Ángela Lezáun Domaica.

De todos modos, como dice Ane Portillo Ruiz de Larramendi, “hasta que no te pasa, no lo aprendes”. Ahora son solo nueve, todas amigas y de 15 años, inmersas en los preparativos de fiestas y, dentro de poco, organizarán las cenas, las comidas y las compras, pero por lo demás, la organización sigue igual que el año anterior. Según Portillo, aunque todas asienten a coro, “es una responsabilidad divertida. Nuestros padres no querían porque era mucho dinero al ser tan pocas, pero al final accedieron. Es que si no, estaríamos sentadas en la calle y aburridas”.

Así de importante es tener un sitio en el que compartir experiencias con los amigos, tales como haberse olvidado del cohete de la Virgen del Puy, llegar tarde y, a la vuelta, sin comerlo ni beberlo, montar una fiesta de la nada.


CUADRILLA ‘EL BATE’. PLAZA SAN AGUSTÍN, 44

Óscar Pérez, Alexis Redondo, Jorge Martínez, Javier Fernández, Iñaki Corrales, Álvaro Tobar, Íñigo Ajona, Iván Garayo, Víctor Izu, Daniel Montero, Rubén González y Javier Sanz.

“Hace falta mano dura”

Ni tan jóvenes ni tan inexpertos, y mejor preparados. Aunque este grupo de casi una veintena de chicos se diferencie en eso del anterior grupo femenino, no pueden evitar compararse con un grupo aún mayor: “el del hermano de”, explican, y todos coinciden en que están mucho mejor organizados en todos los aspectos.

Son de la quinta del 93, 22 años, aunque cuentan con un novel del 94 y los dos mayores del 92. Al igual que las chicas de ‘El Teke’, ‘La Cueva del Bate’ es solo para los chicos de la cuadrilla. “Una vez intentamos juntarnos con unas chicas pero solo salió adelante el grupo de WhatsApp”, justifica Iñaki Corrales.

Han pasado por cuatro chabisques antes, tres de ellos solo para el verano, pensando en las fiestas, y uno que les duró tres años. Ven enormes diferencias que han ido apareciendo progresivamente y que resaltan comparando el primer año con el actual. “La organización es mejor”, cuentan, son más organizados y han puesto normas y multas, pero incluso con eso “hace falta mano dura”, añade Alexis Redondo entre risas.

Han aprendido que lo mejor es dividirse en grupos y repartirse las tareas. Hacen grupos para el papeleo, la licencia, los preparativos; grupos de limpieza y grupos para las comidas y las cenas. Tienen multas por no recoger lo que uno mismo ensucia, por no aparecer en su horario de limpieza, por no organizar los papeles o no traer a una cena el plato que toca. Sin embargo, aunque no les haga mucha gracia, estos jóvenes convierten todo en una broma, como con las gominolas que uno de ellos quiso pasar por postre un día.

No quieren irse de su chabisque y prueba de ello son las alteraciones y arreglos que han realizado en él desde noviembre de 2014, cuando entraron. La insonorización del techo, la nueva pintura, los arreglos del suelo, los extractores de humo o parte del mobiliario son algunas de las cosas que han hecho para conseguir lo que quieren que sea, un cómodo lugar para compartir con los amigos.

Un día allí es muy largo, aunque ameno. Explican entre varios que es un lugar de ocio que abre prácticamente las 24 horas del día donde, mientras unos juegan a la play station otros se entretienen con el pin-pon. A veces, por la tarde, salen al Santo Sepulcro a jugar a fútbol y después ven la televisión.

Por la noche, los que siguen allí, cenan y ven una película. Si bien es cierto que no siempre están todos, porque es difícil coincidir -unos trabajan, están de vacaciones o son de fuera-, también lo es que no dejan de acudir a su lugar de encuentro a pasar un buen rato.
Con todo, durante las fiestas cambia la cosa. “Nos reunimos todos, incluso con gente que no conocemos”, explica Javier Sanz. Son momentos en los que ‘hacen caja’ y es que se autofinancian con la compra-venta de comida rápida, bollería o patatas de bolsa.

Aunque solo comen juntos el primer día, el resto de días cenan, y se dividen en grupos de tres para repartirse el menú (primero, segundo y postre), lo que suele tener un mismo resultado: “macarrones y pechugas y macarrones y pechugas”, explica Redondo. Salvo excepciones: “las hamburguesas a la plancha, el arroz con tomate y los ‘huevos bonitos’ ¿Qué?”, recuerdan entre risas y falsa admiración.

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