Protagonistas del Día del Jubilado

Dos matrimonios serán homenajeados en la plaza de los Fueros en un acto público, seguido de una actuación de jotas y de un aperitivo en el club Ega

El Ayuntamiento de Estella-Lizarra organiza cada año, en colaboración con la Asociación de Jubilados, Pensionistas y Viudas ‘Ega’ y la Peña San Andrés, un homenaje dirigido a dos parejas de jubilados el lunes, Día del Mayor. En esta ocasión, protagonizan el momento especial dos matrimonios con vidas bien diferentes: Mª Carmen Basarte y Eduardo Lizarraga, y Lucía Remírez y José María Remírez.

Después de una misa en la iglesia de San Juan Bautista en honor de los jubilados, los cuatro cónyuges acudirán a la plaza de los Fueros donde, sobre un escenario, se les entregarán sendas placas conmemorativas, ramos de flores y las txapelas, como detalles del que será, seguramente, un día para el recuerdo.

EDUARDO LIZARRAGA Y Mª CARMEN BASARTE.
“Por una vueltica por la plaza de San Juan…
lo daba todo”

Eduardo y Mª Carmen, de 85 y 78 años y procedentes de Añorbe y Estella, respectivamente, cumplen 57 años de casados, celebrados con el paso del tiempo con 5 hijos y 9 nietos.

Se conocieron en la plaza de los Fueros, presentados por sus respectivas hermanas, amigas de la infancia. A raíz de ese encuentro, Eduardo Lizarraga no dejó de pretender a Mª Carmen Basarte hasta que un día comenzaron a bailar en la verbena del barrio de San Pedro. Unieron sus vidas en una ceremonia por la iglesia un 4 de julio de 1958, después de dos años de noviazgo. Han viajado mucho, pero siempre juntos.

La mujer cuenta que han estado en muchísimas partes del mundo, pero sin duda, la más bonita, Chile, donde residieron durante tres años y medio. Allí, ella tuvo su primer automóvil y veranearon por primera vez en su vida. Lugares maravillosos, recuerda Eduardo, pero, “por una vueltica por la Plaza de San Juan… yo lo daba todo”, completa ella.

De las fiestas atestiguan un cambio terrible, tal como lo describe Eduardo, sin comparación. Mª Carmen rememora, sin una peseta se lo pasaban bomba. “Antes era todo bailar, bailar y bailar, no como ahora, que solo hay chabisques y todos están aburridos y encerrados”, cuenta nostálgica. “Recuerdo que, cuando era joven, me dolían las piernas de lo que había bailado”, añade.

Para ella, las fiestas son “lo mejor del mundo”, todos iban a divertirse a la calle, a los toros, a los actos, a las plazas, y a estrenar las alpargatas y la ‘batica de fiestas’, pero sin duda, su momento preferido ha sido y es la Bajadica del Che.

Eran jóvenes y sus padres no les dejaban salir, reconoce Eduardo, pero tenían una treta preparada: cuando iban al bar y entraba alguno de sus padres, les avisaban para que salieran por la otra puerta. “Era maravilloso”.

JOSÉ MARÍA REMÍREZ Y LUCÍA REMÍREZ.
Cincuenta fiestas juntos

Lucía Remírez y José María Remírez, de 73 y 79 y originarios de Asarta, se conocían del pueblo y compartían cuadrilla y fiestas todos los años, hasta que empezaron a conocerse en profundidad. Poco a poco, él iba a buscarla a casa y más tarde, como solución al frío, sus padres ya le dejaban subir. Así comenzó la historia de amor de quienes han tenido 5 hijos y 3 nietos en sus 50 años de matrimonio.

De las fiestas de Estella han disfrutado de los encierros y las actuaciones por el día, cuando se acercaban a la ciudad del Ega, que solían coincidir con los que venían a los toros, otro momento que les gusta compartir aunque no lo hacen a menudo. “De chavales no podíamos ir al bar porque éramos jóvenes, así que nos juntábamos tres o cuatro primos con una botella de vino y nos la bebíamos, después íbamos al baile”, cuenta José Mª entre risas.

Recuerda otra anécdota que protagonizó junto a dos primos, cuando les habían mandado a dormir al granero y, escapando por la ventana y de ahí a la terraza, de donde saltaban a la calle, llegaron al bar. Allí, les vio su padre, quien, con rostro sereno, les dijo: “Carretera y manta”, a lo que no pudieron ni replicar. Su mujer, Lucía, trae a la memoria otra gran anécdota de fiestas, en la que, riéndose, cuenta cómo su marido recibió una bofetada de su madre. “Aún se acordará todo el pueblo”, asegura.

De las fiestas de ahora, dicen que las viven más independientemente. Antes, en Asarta, las fiestas eran muy divertidas y familiares, pero en Estella no es lo mismo, señalan, hay demasiada gente, aunque sí se conservan las cuadrillas y los grupos de jóvenes, algo que se ha perdido en su pueblo y que echan de menos.

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