Relevo en la artesanía de la gaita y el tambor

Relevo en la artesanía de la gaita y el tambor

ras el fallecimiento de Salvador Martínez, su hija Izar Amezketa y Argider Ongay siguen la tradición de los Gaiteros de Estella

Tres días antes del fallecimiento de su padre, en junio de 2024, Izar Amezketa Fernández, se mudaba a Estella-Lizarra desde su lugar de residencia, Barcelona. Iniciaba una nueva etapa en su vida, de vuelta al origen, sin saber que su referente, maestro de la gaita, Salvador Martínez, dejaría un hueco insustituible a nivel familiar y muy difícil de cubrir a nivel profesional. El taller de elaboración de gaitas, boquillas y otros instrumentos tradicionales de los Gaiteros de Estella precisaba urgentemente de un relevo que mantuviera vivo un oficio artesanal con escasos exponentes en Navarra.

“Siempre he estado presente en el taller, venía mucho a casa y me tocaba ayudar. Iba con mi padre a coger caña en el río, colaboraba en limpiarla para fabricar las boquillas de gaita, aunque lo que siempre más me ha gustado ha sido tocar”, explica Izar Amezketa Martínez, quien asume ahora la gestión del taller artesanal de la calle la Rúa, junto al también gaitero Argider Ongay.

El fallecimiento de Salvador Martínez trajo consigo una decisión que “llegó sola”. “Había que seguir con lo que mi padre hacía. Yo ya conocía muchas cosas y Argider llevaba también dos años aprendiendo. Si había que tocar, había que tener boquillas. Y entonces, había que elaborarlas”. Actualmente el taller de los Gaiteros de Estella es uno de los pocos que existen dedicado a la fabricación personalizada y artesanal.

Amezketa y Ongay asumen desde hace poco más de un año la responsabilidad del taller, manteniendo la elaboración tradicional tal y como lo hacía Salvador Martínez. “Mi padre hacía más cosas, nosotros nos centramos sobre todo en boquillas, que son elementos consumibles, y también gaitas y tambores. Las boquillas las hacemos de una manera personalizada, que da mucho trabajo, pero a nosotros es lo que nos funciona. En vez de que el gaitero se adapte a la boquilla, adaptamos la boquilla a cada persona”, explica Izar Amezketa.

Investigar y tocar

Salvador Martínez empezó en 1980, a la vez que tocaba la gaita, a investigar sobre la elaboración de gaitas y boquillas. “En realidad a él le interesó la gaita sobre todo por la construcción de material. Los gaiteros de Pamplona le dijeron que, si quería elaborar primero tenía que tocar, tenía que conocer el instrumento de primera mano. Empezó con clases casi paralelamente al trabajo en el taller”.

¿Y cómo se fabrica una boquilla a mano? Los nuevos elaboradores lo describen como un proceso especialmente largo, porque el material, la caña, se tiene que asentar. “Recogemos la caña en la orilla del río y la dejamos secar durante un año o año y medio, cuidándola ese tiempo para que no se pase. Hay que limpiarla, luego seleccionarla y limpiarla de nuevo. Después se abre, se vuelve a seleccionar, se toman las medidas, se rebaja el material, se hace un gubiado a mano para trabajar el interior y después se cortan las palas que posteriormente se montan. Entonces trabajas el exterior de la boquilla y se montan los tudeles, que previamente se han elaborado también a mano”.

El proceso se explica rápido, pero supone mucho trabajo en el taller, que trabaja por encargo y que elabora también tambores de piel de cabrito. “En este caso, los tambores son copia de los que en su momento trabajaba la familia Elizaga, pero hechos con herramienta más moderna”, añade Izar Amezketa.

Amezketa y Ongay aseguran que a la satisfacción de continuar con la tradición se suma en ocasiones algo de frustración. “Sentimos que no llegamos a lo que hacía mi padre, a su rapidez y a su profesionalidad, pero estamos contentos y la gente también con nuestro material”, dice Izar. “Hay que tener en cuenta que Salvador llevaba más de 40 años en esto, nosotros uno”, completa Ongay.
Con dedicación asumen este nuevo compromiso, “que no pesa, que ha llegado de manera natural”, asegura Amezketa. “Siempre ha habido alguien que lo ha hecho. Cuando uno no está, está otro. Y cuando nosotros no estemos, habrá otros que lo hagan porque cuando se educa para ser gaitero, como mi padre siempre lo ha hecho, se educa para ser personas y se educa también para esto”.

En un mundo en el que dominan la producción en serie y la inmediatez, en el taller artesanal de la calle la Rúa de Estella se para el tiempo durante la elaboración minuciosa de boquillas para gaita. Porque este trabajo “no es un negocio”. Se cuece sin prisas. “Ha de ser una vocación”.

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