El banco de la vida

El banco de la vida

El Camino Ancho al mediodía y el jardín de Fray Diego por la tarde son lugares que unen a un grupo de hasta 16 mujeres con varias décadas de vida. Bien a la sombra o al sol, comparten sus recuerdos y su tiempo que, en compañía, discurre de forma más entretenida

Hay lugares forman parte del paisaje de una ciudad y que esconden mucho más de lo que se ve a simple vista. En el Camino Ancho del paseo de Los Llanos un grupo de mujeres –hasta 16 en los mejores momentos- se encuentra cada mediodía para conversar, tomar el sol o refugiarse a la sombra, recordar, reírse y, sobre todo, hacerse compañía. Algunas suman más de nueve décadas a sus espaldas; otras, algo menos.

No eran amigas -en algunos casos vecinas o conocidas- pero la vida las ha ido sentando en el mismo banco, donde se han encontrado unas a otras. A diario comparten tiempo, recuerdos y preocupaciones, en un intento acertado de mantenerse activas y de dejar a un lado la soledad. A la sombra en verano, al sol cuando el calor no aprieta, a las mañanas en Los Llanos y a las tardes en el jardín de Fray Diego, el tiempo vuela. Con motivo del Día Internacional de las Personas de Edad, que se celebra 1 de octubre, seis de las integrantes del grupo hablan sobre cómo ha cambiado la ciudad, recuerdan lugares grabados en su memoria, opinan sobre la igualdad, sobre la felicidad y sobre las nuevas tecnologías. Juntas, mucho mejor, en el banco de la vida.

CIUDAD Y ESPACIOS PÚBLICOS. ¿Qué tal ve Estella? ¿Pide algo para la gente mayor?

 

> ANA MARI PINILLOS AZPILICUETA. 92 años.
> Del barrio de San Miguel, actualmente vive en el barrio de San Juan.

> Viuda de Javier Azanza.
> Tiene tres hijos y cuatro nietos.

“Estella ha tenido tiempos mejores. Antes estaba mucho más limpia y cuidada, todo el año, pero ahora, desde luego, está sucia y abandonada. Incluso gente de fuera lo comenta. No se limpian las calles a fondo ni las alcantarillas, algunas apestan. También hay muchas baldosas de las calles en muy mal estado, un peligro para la gente mayor”.
Para Ana Mari Pinillos el paseo de Los Llanos, lugar diario de reunión con el grupo de amigas, sigue siendo, el lugar más bonito de la ciudad. “Aunque también están un poco descuidados, especialmente este año porque el calor tampoco ha ayudado”, añade.
¿Alguna propuesta de mejora? La mujer lo tiene claro. Además de reforzar la limpieza en las calles, destaca la instalación de más bancos, una cuestión con la que coinciden sus compañeras. “Nos vendrían muy bien más bancos en este lugar y en el jardín de Fray Diego, donde nos juntamos por las tardes. Algunas de nosotras tenemos que sacar nuestras propias sillas. Necesitamos bancos bien puestos para poder sentarnos juntas, descansar, y seguir socializando con comodidad”.

ESTELLA Y RECUERDOS. ¿Cuál es el lugar o rincón de Estella que más le gusta y qué recuerdos le trae de su infancia o juventud? ¿Ha cambiado mucho?

> CARMEN BASARTE RUIZ DE LARRAMENDI. 90 años.
> Natural de Estella

> Viuda de Eduardo Lizarraga.
> Tiene cuatro hijas, nueve nietos y un bisnieto.

“Si tuviera que quedarme con un rincón de Estella, sería el Puy, la zona de la Basílica, y todo el Monte Redondo, desde allí hasta la Cruz de Peñaguda. Esa zona es estupenda. Subíamos allí todos los hijos desde que éramos pequeños. Paseábamos mucho con la familia y tengo muy buenos recuerdos. Además, cogíamos cerezas y moras, sobre todo en septiembre, y aquello era maravilloso. Esperábamos con ganas esos paseos. Salíamos del colegio y ya estábamos pensando dónde íbamos a ir a jugar. También había alguna finca de alguna compañera y nos lo pasábamos pipa”.
Carmen Ruiz de Larramendi destaca del lugar sus vistas “estupendas” hacia Estella. “Desde lo alto se ve todo muy bonito. Y yo creo que es una de las zonas que menos ha cambiado. Sí que se han hecho casas y, claro, es distinto, pero en general la zona conserva bastante ese encanto que tenía entonces”.

SOCIALIZACIÓN. ¿Qué importancia tiene juntarse con otras personas de su edad?

> ANA LÓPEZ ÚRIZ. 91 años.
> Natural de Aranarache, vecina de Estella desde hace 76 años. Vive en Fray Diego.
> Viuda de Luis Beitia.
> Tiene tres hijos, dos nietos y dos bisnietos.

Ana López Úriz se levanta cada día, hace las cosas de casa, un poco de compra y la comida. A mediodía ya se ha quedado libre para ir al Camino Ancho, al banco de todos los días, y encontrarse con el grupo de mujeres. Se sienten muy unidas. “Nos hemos ido encontrando aquí, juntando, y ahora somos amigas”, explica. Para ella, la hora de salir a tomar un poco el sol, o la sombra, es su momento del día favorito.
Ana López es viuda desde hace tan sólo año y medio y, asegura que si está mucho rato en casa se le quitan las ganas de hacer cosas. Por ello acercarse hasta el paseo de Los Llanos y relacionarse es la manera de levantar el ánimo. “Yo le diría a la gente de mi edad que no se quede en casa, que salga a la calle. Si estoy sola me siento más tristona, pero juntas aquí hablamos de nuestras cosas y pasamos un rato muy agradable. Esto nos da la vida, compartimos y disfrutamos”.

IGUALDAD. ¿Cree que ha cambiado el papel de la mujer en la sociedad?

> CLARA DEL CAMPO LUIS. 78 años.
> Natural de Luquin, pero vecina de Estella, de la calle Fray Diego.
> Viuda de Arturo Vega.
> Tiene dos hijas y cuatro nietos.

“A ver, yo en mi época con mi marido salía todos los días, íbamos a muchos sitios y me llenaba estar con él. Tenía dos hijas que cuidar y no me preocupaba por otras cosas. El papel de la mujer entonces era estar en casa, atender a los hijos y al marido y que tuviera la mesa puesta. Me quedé viuda pronto y tuve que dedicarme a mis hijas y después a mis nietas. Es verdad que las cosas han cambiado, pero fueron los tiempos que nos tocaron vivir y yo fui feliz así”.
Clara del Campo explica que es ahora, con las nietas también crecidas, cuando tiene tiempo para disfrutar de la compañía de las amigas del barrio, sin prisas, sin obligaciones; una cuadrilla, explica, que se formó de manera espontánea y que sigue buenas costumbres de tiempos pasados, cuando ella misma compartía mucho tiempo con su madre y las amigas de su madre. En definitiva, vida de barrio y vida de comunidad.

FELICIDAD. ¿Qué le hace feliz a usted en este momento de su vida?

> MARÍA JESÚS LUZURIAGA ULIBARRI. 91 años.
> Natural de Estella, de la calle Fray Diego.
> Viuda de Antonio Muñoz Ibáñez.
> Tiene tres hijos y cuatro nietos.

“Pues no sé, muchas cosas. Estar con la familia y ver a los nietos, sobre todo. A mí me ha gustado mucho salir por ahí con las amigas. Hemos salido toda la vida junto con los maridos, en cuadrilla. Íbamos a cenar, a comer, a bailar. Eso sí que me gustaba, bailar, y acudíamos a las fiestas de los barrios”.
Dice María Jesús Luzuriaga que las prioridades y las preocupaciones cambian a lo largo de la vida. “Antes eran sobre todos los hijos y ahora la verdad es que no me preocupa más que el día a día, ser feliz y ya está. Mis hijos me cuidan muy bien, me traen comidas, me llevan de aquí para allí, me acercan al médico. Y ya está. Esas cosas me hacen feliz. ¿Y la salud? Pues la salud es muy importante, salud hay que tener, pero yo con 91 años, ¿qué voy a pedir ya?”.
A pesar de una experiencia de más de nueve décadas vividas, María Jesús no se atreve a dar consejos a la gente joven, y menos sobre algo tan subjetivo como la felicidad. “¡Qué les voy a decir yo, por ejemplo, a mis nietos o nietas! Simplemente, que vivan su vida. Así serán felices”.

NUEVAS TECNOLOGÍAS. ¿Tiene móvil? ¿Ha oído hablar de la IA?

> ISABEL AZANZA ARGANDOÑA
> Natural de Estella. Del barrio de San Miguel.

> Viuda de Miguel Barricat.
> Tiene tres hijos y tres nietos.
> Regentó una frutería familiar en la calle Mayor.

“Tengo móvil, pero está en su cajita porque no lo uso. Se puede vivir sin móvil, yo toda la vida lo he hecho. ¿Qué quieres que te diga? Antes no teníamos de nada, y éramos felices. Ahora, tienen de todo, y no lo son porque todo es poco y se lo damos antes de que lo pidan”, explica así de convincente Isabel Azanza.
Asegura que su relación con la tecnología se reduce a la tele, y a la lavadora. “Ése sí que fue un gran invento, el mayor diría yo. También el frigorífico, pero la lavadora nos quitó a las mujeres de lavar a mano. ¡Que era muy duro! Yo he ido muchos años a lavar al río y cuando pude tener una lavadora en casa no lo podía creer”.
Para las mujeres de su generación, la llegada de los electrodomésticos representó la verdadera revolución, la verdadera IA que facilitó la vida en el hogar. “La IA, ¿qué es eso? Para nosotras ya no son todas estas cosas, a pesar de que yo he trabajado toda la vida en la tienda y me obligaba a estar un poco más activa. Pero es que los comercios también han cambiado mucho. En aquellos tiempos no había supermercados en Estella y hacíamos las cuentas a mano. Luego con la calculadora, pero yo no llegué a cobrar con tarjeta”.

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