PRIMER PLANO – Iñaki Ruiz y Oihana Beraza, animadores socioculturales de la Casa de la Juventud Mª Vicuña

PRIMER PLANO – Iñaki Ruiz y Oihana Beraza, animadores socioculturales de la Casa de la Juventud Mª Vicuña

Iñaki Ruiz Echeverría está vinculado a la Casa de la Juventud María Vicuña desde su apertura hace quince años. Oihana Beraza Martínez se incorporaba dos años después. Son las personas que mejor conocen los inicios y la trayectoria que ha seguido el servicio durante todo este tiempo. Trabajadores siempre dispuestos a ayudar, se han convertido en referencia para muchos jóvenes que desde los 12 hasta los 30 años se han acercado por la Casa durante todo este tiempo. También, para los usuarios que han participado en diferentes cursos y talleres y para los colectivos que hacen uso de las salas de reunión del edificio de propiedad y gestión municipal.

Apoyados en su experiencia, Iñaki Ruiz (Estella, 31/07/1976) y Oihana Beraza (Ollobarren, 20/03/1976) ponen el acento en la importancia que tiene organizar en la ciudad actividades que demande la juventud. En este sentido destacan el papel fundamental que juegan los propios usuarios para que las propuestas lleguen a buen puerto. Sin embargo, Ruiz y Beraza lamentan que en los últimos tiempos las ideas estén más paradas que nunca y animan a la juventud a unirse y proponer nuevas iniciativas que revitalicen la vida cultural y social de la Casa y de la ciudad.

Iñaki Ruiz: “La confianza permite que los jóvenes sientan el espacio como suyo”

Oihana Beraza: “Cuando hay espacios de interrelación se generan ideas”

 

¿Cómo recordáis los inicios de la Casa? ¿Cómo los vivisteis?
Oihana Beraza. Yo entré con mucha ilusión. Estaba trabajando en Pamplona en otro espacio joven y regresé a Estella con ganas de hacer muchas cosas. Llegué muy motivada. Entonces Estaba Marta Estébanez, en Juventud, y nos acogió muy bien.
Iñaki Ruiz. Aquellos primeros momentos fueron difíciles porque los jóvenes solicitaban una casa de juventud, o gaztetxe, para gestionarla ellos mismos, y en vez de ser así, se hizo una gestión privada. El gaztetxe estaba por un lado y la casa de la juventud, por otro. Después la Casa de la Juventud pasó a ser gestión directa municipal.

¿Fue un servicio que tuvo que ganarse su espacio en Estella?
O.B. Eso es. Tuvo que ganarse su espacio. Pienso que a día de hoy aún sería factible reorganizar y cambiar el sistema de gestión hacia uno mucho más participativo, hacia una cogestión entre la gente joven y las figuras profesionales, en el que se definan las funciones de una parte y la otra.
Desde que yo entré recuerdo que hemos tenido que lidiar entre la institución y la gente joven y sus necesidades. Lidiar en el sentido de establecer las medidas de funcionamiento que exige la institución y atender las demandas de la población. Tratamos de equilibrar, de evitar caer en el papeleo y ser resolutivos para facilitar el acceso a los espacios. Nos dábamos cuenta de que el papelito retrasaba una iniciativa o la necesidad, por ejemplo, de un grupo que en un momento la estaba pidiendo.
I.R. Aunque nosotros, los animadores, no estemos aquí, las salas se ceden bajo un acuerdo y se da al usuario la posibilidad de entrar y de que hagan sus actividades. Esta confianza permite que los jóvenes sientan el espacio como más suyo. Los profesionales tenemos que estar aquí, pero no quita que pueda hacerse una gestión más flexible tanto en el uso de la instalación como en la organización de las actividades.

Obviando este paréntesis de pandemia, ¿ha cambiado la dinámica en la Casa con respecto a los inicios?
I.R. Siempre hemos funcionado a demanda, pero ha cambiado la gente. En los primeros años flipábamos con la edad de los usuarios, venían desde los 14 años. Eran tiempos en los que no había móviles y en la Casa teníamos nueve ordenadores. Los chavales venían y hablaban entre ellos a través del ordenador.
O.B. Con el paso de los años, la gente, las generaciones, las cuadrillas han ido cambiando. Como dice Iñaki, hace trece años, cuando yo llegué, contábamos con una sala de ordenadores porque se pretendía minimizar la brecha digital de gente que tenía ordenador en casa y gente que no lo tenía, lo mismo con el acceso a Internet. Hoy en día todo el mundo tiene un móvil, un ordenador. Entonces venían para eso y también para estar aquí con la gente.

¿Cómo han cambiado la juventud y sus demandas en estos 15 años?
I.R. Antes no venían a la Casa tan ‘jovencicos’. Ahora vemos más chavales con 10 años por ahí que antes. Son más autónomos, que no más autosuficientes. De hecho, llegamos a ampliar la edad de acceso. Al principio la entrada a la Casa era desde los 14 a los 30 años y el Instituto de Juventud bajó la edad a los 12.
En cuanto a la Casa, la actividad también cambia continuamente, en muchas ocasiones debido a las modas. Yo veo que la juventud es muy competitiva. Ahora te dicen, “no voy a salir que me quedo a estudiar, lo cual es bueno, pero vemos que ha cambiado mucho su manera de vivir el ocio, quizá también la pandemia ha tenido mucho que ver”. Yo personalmente veo a la juventud más individualizada, no piensan tanto en el grupo.
O.B. Ha cambiado la sociedad. Coincido con Iñaki. En ocasiones me da la sensación de que nos estamos yendo al individualismo. Aquí siempre tenemos en cuenta las opiniones, las necesidades de las personas de 12 o 14 años, intentamos que se hagan responsables y sean partícipes de la organización, pero muchas veces es difícil. Creo que triunfa más el dime qué, cómo, dónde y a qué hora. Es curioso porque, sin embargo, en los coles se trabaja por proyectos y se habla ahora más que nunca de la participación. Existen recursos para trabajar de manera participativa, pero cuesta.

¿Cómo está afectando la pandemia al funcionamiento de la Casa?
I.R. En pandemia hemos hecho muchísimas actividades dirigidas, incluso más que en años anteriores. En verano organizamos más campamentos que nunca y las plazas se llenaron. Me refiero a las actividades dirigidas, porque lo que ha bajado es el número de jóvenes que vienen a estar en la Casa.
O.B. Echamos de menos la interrelación de los jóvenes, la implicación en proyectos. Cuando hay espacios de interrelación se generan ideas. Esto se ha cortado por la pandemia. Ahora volver a retomar esos espacios de reunión y generar iniciativas va a costar. Por nuestra parte seguimos con la voluntad de seguir trabajando en iniciativas de ocio saludable. Estamos aquí para facilitar y resolver las inquietudes de los jóvenes.

¿Qué es y qué ofrece la Casa de la Juventud?
I.R. Hay que decir que es un espacio abierto, que no está cerrado a nadie.
O.B. Principalmente abierto a las personas jóvenes, desde una perspectiva inclusiva. Hay muchas personas que llegan a Estella por primera vez y la Casa les ha ayudado a entablar relaciones. Es un recurso que si quieres te arropa en los comienzos de una iniciativa o una idea y también un espacio en el que estar. Tenemos muy claro que los viernes y los sábados por la tarde la sala tiene que estar abierta para que los jóvenes vengan.
Hablamos de espacio, pero también de contenido. En la casa está la Oficina de Información Juvenil, donde informamos sobre temas relacionados con la formación, la vivienda y el empleo. Desde la Casa recibimos la demanda, la pregunta o la necesidad y damos nuestra respuesta o acompañamos. Trabajamos la prevención a través de una programación de ocio y tiempo libre, les ayudamos en su desarrollo y a ser ciudadanos y ciudadanas activas.

¿Qué necesidades tienen los jóvenes de Estella?
O.B. En términos generales, el tema de la vivienda en Estella es un problema y el porcentaje de paro juvenil es abismal, antes de la pandemia y ahora.
Por eso son importantes las políticas de juventud y que se lleven a cabo. Se ha de reflexionar sobre cuál es la situación de las personas jóvenes en la ciudad.

 

Eva Ponz, la incorporación

Al equipo de trabajo formado por Iñaki Ruiz y Oihana Beraza se unió hace siete años Eva Ponz Olea, también como monitoria de ocio y tiempo libre. Ha sido la última en llegar pero describe su experiencia como muy enriquecedora. “Por aquí vemos pasar a chavales que vienen desde los 11 o 12 años igual hasta los 30, por lo que los acabas conociendo mucho y puedes ser para algunos un referente. Es una de las partes bonitas de este trabajo. Eva Ponz anima a los jóvenes que no se hayan acercado todavía la casa a conocer sus recursos. “La Casa es un recurso para el que quiera hacer ocio de continuo o cursos o informarse sobre trabajo y otras cuestiones que preocupen, por ejemplo becas. Estamos disponibles para todos los jóvenes que busquen algo o tengan una necesidad”, cuenta.
Atendida por los tres animadores socio-culturales, el horario de la casa de la juventud María Vicuña es: lunes y viernes, de 17 a 22 horas; martes, miércoles y jueves, de 9.30 a 14 y de 17 a 22 horas, y sábados de 11 a 14 y de 17 a 22 horas. Los domingos está cerrada.

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