
La galería de Florencio Alonso, ubicada en la calle la Rúa, en la ciudad del Ega, expone durante este mes de marzo los ‘discos’ de porcelana con los que Germán Urra reivindica la utilidad de la cerámica como elemento contenedor, en este caso, de sentimientos y emociones. El artista acerca, en un primer momento, su producción al público en la ciudad para seguir el recorrido en galerías privadas de Italia, Uruguay y Argentina.
¿Cómo te inicias en el campo de la cerámica?
Como estudiante, fui becado para estudiar pintura en Barcelona, a través del Gobierno de Navarra. Estuve cuatro años formándome. En el centro había también cerámica, y fueron muchas las horas que pasé en su práctica y en la escultura. Vi que era lo que me gustaba, así que el último curso ya no lo hice en Barcelona. Volví a casa y empecé a estudiar cerámica en una escuela de Pamplona.
¿Es ésta tu primera exposición artística?
Cuando tenía taller de cerámica en la calle Zapatería, en los inicios, hice diez exposiciones de arte. Luego llegaron los hijos y me dediqué más a la producción. He estado 40 años sin hacer nada de arte. Hace año y medio que me he jubilado y la empresa, La fábrica de porcelana, dedicada a la producción y venta de piezas de porcelana para hostelería, se la han quedado mis hijos. Vuelvo a tener tiempo para la creación más artística.
¿Cómo es el arte de la cerámica?
Es la gran pregunta para mí. Estas piezas están procesadas a través de esa pregunta, qué es cerámica y qué no es. Hoy en día se admite que todo lo que es de barro es cerámica, pero no lo comparto. La cerámica nace por el hecho de necesitar un espacio para contener cosas. El desplazamiento del barro, de la arcilla, crea un hueco y, a la vez, una forma. La utilidad de ese espacio define una forma. Eso es lo que estoy intentando buscar con estas obras.
¿Que las obras sigan siendo continente?
Hoy en día hay continentes mucho más prácticos que la cerámica, con lo cual, he partido de esa base, pero he buscado otra utilidad. ¿Qué intento contener? Sensaciones, impresiones, intangibles que una persona tiene y no sabe muy bien cómo guardar. Juego con crear sentimientos, como, por ejemplo, la incertidumbre. Por eso, mis obras tienen diferentes planos. También he creado unos cortes, por donde respiran las piezas y se ve el interior.
¿Qué son, cómo describes estas obras?
El material es la porcelana y comparten la circunferencia y el juego con el vacío. Realizadas en dos tamaños, unas son más abiertas y respiran más, otras menos. Busco decir que esto es cerámica, no una cosa hecha de barro. Es un contenedor que hoy en día puede servir para muchas cosas. Yo defino a estas obras como discos. Están hechas para tocar y son muy personales.
¿A la gente le atrae cada vez más la disciplina de la cerámica? ¿Qué momento vive?
Yo creo que vive buen momento, no sé muy bien cuál es la razón, pero la gente quiere y le gusta trabajar con el barro. Es muy creativo y, a la vez, inmediato. Coges un trozo de barro y enseguida toma forma, aunque luego necesita un proceso muy largo hasta que se termina: el secado, la cocción, los acabados… La cerámica refleja muy bien el estado del ánimo.
¿Es también un arte con poca intermediación?
Es un arte muy directo. Y muy cotidiano. Da sensación de libertad.
¿Cómo te inspira la cerámica ahora que no es un trabajo?
Antes de empezar, hay toda una filosofía detrás, en la que yo ya estaba trabajando desde hace mucho tiempo. Tomas notas, ideas, realizas un trabajo de investigación no solamente haciendo sino pensando en cómo hacerlo, por qué discos y no esferas, cuál es la diferencia entre disco y esfera… Hay cálculos matemáticos, decisión sobre medidas y muchas otras cuestiones previas.
Esta exposición no empieza y muere aquí. ¿Qué recorrido tiene?
Este verano voy al sur de Italia, a Lecce, a exponer en una galería privada. Después, la idea es llevar la obra a Bilbao, en función de las piezas que tenga disponibles. El próximo año voy a viajar a Punta del Este, en Uruguay, y a Buenos Aires. Supone mucha obra y tendré que producir.
¿Sorprendido con la aceptación de esta muestra, transcurridos más de 40 años desde la última?
Es curioso. He empezado a enseñar mi trabajo y está gustando mucho. Me ha sorprendido que llegue tanto a la gente, que se entienda y que quienes ven las obras se sientan a gusto con ellas, e incluso las quieran tocar. Estas piezas no tienen nada que ver con lo que hacía en aquellas primeras exposiciones. He vivido una vida entre medio, es normal.
¿Qué supone todo esto?
Supone muchísimo. Supone por fin. Por fin he conseguido la exposición que quería hacer. Lo estoy viviendo todo con mucha ilusión. Me siento feliz.
