
Cuando Andrés Calvo tenía tres años llegó a su casa el primer gigante de verdad. No era un juguete cualquiera. El comerciante Antonio Jordana, amigo de la familia, construyó especialmente para él un Rey Blanco de 1,30 metros. Aquel regalo dio paso a la llegada de más figuras. También Jordana realizó para el niño la Reina Blanca y la madre de Andrés, siempre cómplice de la pasión de hijo, fabricó a la Reina Negra, moldeando la cabeza y preparando el caballete.
“Lo único que he tenido claro en mi vida es que de mayor quería ser gigantero”
Valor sentimental
Más adelante, los Reyes Magos le trajeron al niño la cabeza del Rey Negro y el resto del gigante fue completado durante ese año por el gaitero Salvador Martínez, quien añadió el cuerpo, el caballete y el vestuario. Cada uno de esos gigantes, todavía hoy en día bajo la tutela y el cuidado de su propietario, guarda un valor sentimental que trasciende cualquier colección. La Vieja Comparsa de gigantes de Estella era la que robaba el corazón del estellés, que iba cumpliendo años. Con apenas ocho o nueve, pidió a los Reyes Magos una reproducción de la antigua Reina Blanca. Aquella mañana de Reyes se despertó antes que sus padres, descubrió la cabeza del gigante y volvió rápidamente a la cama para mantener la sorpresa. La figura, realizada por Javier Garín, reproducía fielmente el original, desmontable como los gigantes históricos y con una altura de 2,45 metros.
Poco después llegó a casa otra de sus joyas: la antigua Reina Negra. Fue un regalo de su madre a los 10 o 11 años. Andrés qui-so que fuera lo más fiel posible a la original y supervisó su vestido. Aquella figura, recuerda, ya era de caballete redondo y todos los detalles estaba cuidados al máximo. Con sus 3,05 metros de altura, sigue siendo una de las piezas más especiales de su colección. A los gigantes se suman dos cabezudos —el Tuerto y la Abuela Chocha— y un Caballico Chepe adaptado para niños, todos protagonistas durante años de las gigantadas infantiles. Sin olvidar 150 figuras de goma y de otros materiales de diferentes comparsas de Navarra y País Vasco.
Gigantadas txikis
Andrés Calvo recuerda que durante los veranos acudía con su primer gigante a la plaza de los Fueros, frente a la bombonería familiar. Allí, cuando sonaban las gaitas durante los bailables, salía a bailar. “Mucha gente comenzó a conocerme precisamente como el niño que bailaba los gigantes” explica. Aquella pasión encontró muy pronto un lugar propio, gracias a Salvador Martínez. El gaitero impulsó la comparsa txiki en el barrio de San Pedro, reuniendo a un grupo de niños para ensayar los bailes tradicionales de los gigantes de Estella. Ensayaban junto al ascensor del barrio y poco a poco comenzaron a actuar en las fiestas de San Pedro, de la plaza Santiago y del barrio San Miguel, más tarde en localidades como Ayegui y otros pueblos navarros. Andrés Calvo permaneció bailando con la comparsa txiki hasta los 14 años. Después llegó un paréntesis inevitable. Bachillerato, universidad y la pandemia. La intensidad disminuyó, aunque nunca desapareció el vínculo con los gigantes. Hasta que su sueño definitivo llegó en 2023. Con 21 años el joven estellés ingresó por fin en la Comparsa de Gigantes de Estella. “Reconozco que llegó más tarde de lo que habría deseado. Entre el respeto que me imponía dar el paso y el parón provocado por la pandemia, el ingreso se retrasó varios años. Sin embargo, el primer día, cuando levanté un gigante por primera vez, supe que estaba donde quería estar”. Andrés es también danzari, con el grupo de danzas Virgen del Puy y San Andres. “Ahí llegué gracias a mi madre, que se apuntó y me animó. Ahora somos pareja de baile y lo hago por ella encantado”, explica. Si echa la vista atrás, Andrés entiende que los gigantes han marcado todas las etapas de su vida. Han sido pasado y presente. Son una constante en su vida, desde que empezó a caminar bailando.
Más de 150 figuras de gigantes
La pasión de Andrés llena una habitación de su casa. Allí conserva una colección de más de 150 figuras de gigantes realizadas en goma, marmolina, escayola e impresiones en 3D. Hay reproducciones de los gigantes de Estella, Pamplona, Tolosa, San Sebastián, Zaragoza y una larga lista de localidades navarras y vascas imposible de enumerar.
