La restauración del órgano de San Juan afronta su recta final

Después de cinco años de trabajos, la pieza de Roqués e Hijos comenzó a sonar el pasado 25 de diciembre en fase de pruebas. Estará terminado definitivamente para Semana Santa

Después de cinco años de minucioso trabajo, la restauración del órgano de la iglesia San Juan Bautista enfila la recta final. Era 2009 cuando la empresa Hermanos Orta, de Murchante, iniciaba el proceso de recuperación, una decisión tomada desde la parroquia ante los graves problemas de carcoma que amenazaban la pieza, de finales del siglo XIX, de Roqués e Hijos. A falta de los últimos detalles, el órgano recuperaba su sonido el pasado 25 de diciembre, en la misa de Navidad. En fase de pruebas desde entonces, la empresa espera que para Semana Santa la restauración sea una completa realidad.

Han transcurrido cinco años de trabajo, proceso durante el cual intervino la Institución Príncipe de Viana. Gobierno de Navarra declaró el mueble del órgano Bien de Interés Cultural (BIC), inventarió la obra y realizó indicaciones.
La restauración mantiene la armonía y la originalidad que aplicó el autor a su obra de estilo romántico. Para ello, como aspectos destacables, se ha reutilizado buena parte de la tubería, sobre todo la de metal, ya que la de madera se encontraba más deteriorada por el ataque de carcoma; asimismo, se ha aprovechado para ampliar el número de tubos y ofrecer, de esta manera, una mayor riqueza interpretativa.

Mejoras en el interior

En el interior del órgano, se han cambiado elementos de su funcionamiento como los fuelles y los portavientos, así como el sistema de alimentación y el de transmisión, que pasa de mecánico a digital.
Como aspecto destacado en la estética del órgano, cambia la tribuna (parte central del conjunto), que vuelve al diseño de Roqués de finales del XIX después de que una reforma anterior, la realizada por el organero Amezua en 1918, la modificara para colocar el segundo teclado en la parte de abajo. Además, el mueble destaca ahora por su limpieza, después de que se haya retocado la decoración de pan de oro y haya recibido dos tratamientos anti xilófagos.
En la recta final de la restauración, los técnicos del taller ‘Hermanos Orta’ están realizando las labores de armonización y afinación, un trabajo minucioso que obliga a actuar tubería por tubería y que requiere, después en la iglesia, de un periodo de aclimatación para adaptarse al entorno, como explica el organero Félix Orta.

“La temperatura afecta mucho a las tuberías. La labor previa de armonización la hemos hecho en el taller, ahora hemos colocado los tubos y comienza un periodo de adaptación, para que se acostumbren al entorno y a la temperatura. Por eso las puestas en sonido son un tanto inestables”, apunta. Junto al proceso de asentamiento final, tan sólo resta el registro del pedal y la colocación de algunos tubos en el exterior de las ventanas.

El presupuesto de los trabajos realizados durante los últimos cinco años asciende a 300.000 euros

El órgano de la parroquia de San Juan está ubicado en el coro de la iglesia y acompañado por una bella vidriera que permite la entrada de luz del exterior. Aurelio Sagaseta escribe en su libro ‘Órganos de Navarra’ que el de la parroquia de San Juan fue construido por Roqués e Hijos a finales del siglo XIX y retocado por A. Amezua en 1918. En 1977 sufrió un arreglo de emergencia a cargo de la Casa Orgamusik de Madrid, quedando a la espera de una reforma definitiva. Se trata de un hermoso instrumento romántico, más apto como instrumento acompañante que como órgano de concierto.

Financiación privada

La obra de restauración del órgano tiene un presupuesto que ronda los 300.000 euros. Explica el párroco de San Juan, Óscar Azcona, que la financiación es completamente privada. “Durante este periodo se recibió mucha ayuda de los proyectos de Caja Navarra ‘Tú eliges, tú decides’, hasta que se terminaron. El resto son aportaciones particulares y también colectas realizadas con este fin en la parroquia”, cuenta. En su opinión, la reforma del órgano es muy importante para la parroquia. “Es el instrumento por excelencia que acompaña la liturgia. Es una pieza clave. Da mucha prestancia y solemnidad, la diferencia es muy grande sin el sonido del órgano”, explica.
Durante estos cinco años sin poder tocar el órgano, se ha empleado un organillo eléctrico en las eucaristías. Tras las primeras pruebas, el organero de la parroquia, Pablo Senosiáin, asegura que “ya va sonando”. Desde 1969, Senosiáin acompaña con la música y también con la voz las eucaristías del fin de semana, festivos y funerales. Con cuarenta años de experiencia a sus espaldas es, sin lugar a dudas, la persona que con más expectación espera el momento de volver a hacer sonar, completamente afinado, el órgano de San Juan. •

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Pablo Senosiáin, más de 40 años de dedicación


Era el año 1969 cuando Pablo Senosiáin comenzó su trayectoria como organista de la iglesia de San Juan, una labor, desinteresada desde un principio, que continúa hoy en día. Incontables son las horas, las eucaristía, los funerales, en los que Senosiain ha puesto, y sigue poniendo, la música a la liturgia. “Al principio, cuando empecé, estuve tocando un armonio de fuelle que había en la iglesia. Después, en tiempos del párroco Esteban Irigoyen se acometió el arreglo del órgano, que llevaba ocho años sin funcionar, y entonces subí y empecé a tocarlo”, recuerda.
Corría el año 1977 cuando se puso en marcha el órgano. Era también ese el año en que se electrificaron las campanas de la iglesia, que hasta el momento funcionaban de modo manual. “Ambas cosas se hicieron a la vez, y recuerdo, como anécdota, que se sufragaron con el dinero de la recaudación del cine Lux, de propiedad parroquial”.
Senosiáin sabe de lo que habla porque su colaboración con la parroquia no quedaba solamente en la dedicación al órgano, sino que también participó durante años en la gestión de los cines. “Empecé a trabajar como ayudante y hacía de todo. Fueron unos años intensos porque después de dar clases en el Puy, los sábados y domingos venía a la iglesia para acompañar las celebraciones con el órgano y también cantaba. Era curioso porque después de misa, que el domingo era a las seis y media, iba al cine y allí me encontraba con la gente que antes había estado en la iglesia”, añade.
Eran dos de las actividades sociales de la Estella de aquellos años. Senosiáin, profesor jubilado del colegio Nuestra Señora de El Puy, estudió carrera musical y Magisterio en Cataluña. Su aportación a la parroquia, asegura, la realiza para dar un servicio y por una inquietud musical propia, aunque le preocupa el relevo. “Hay un chico, que viene a veces, pero el órgano es una tarea de mucha sujeción”, apunta.

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