
¿Cómo fueron los años del club que te tocaron vivir, especialmente durante tu periodo como presidente?
Fueron unos años muy bonitos durante los que se hizo mucha relación con otros clubes de Navarra y País Vasco, así como con la Federación. Para cuando llegué a ser presidente, ya llevaba varios años en la junta, en la organización. Recuerdo que íbamos todos los lunes al Monjardín a preparar la excursión del domingo: hacer precios, preparar carteles, contratar el autobús. Pero, como digo, sobre todo la relación con otros clubes era impresionante. Llegaba la ‘finalista’, la fiesta final de temporada, y se acercaban igual diez o doce autobuses de desde Beasain, Ordizia, y muchos otros lugares de Guipúzcoa y Vizcaya.
¿Fueron años de mucha afición al monte?
En realidad, éramos minoría. A los montañeros se nos tenía como gente a la que no se le entendía. “¿Por qué vais al monte?”, se nos decía.
¿Ha cambiado la manera de disfrutar de esta afición?
Mucho, porque antes en el monte no había marcas. Ibas con un mapa, sabiendo orientarte, y tira para adelante. Fueron tiempos en los que hacíamos muchas marchas de orientación, marchas reguladas, y todo funcionaba a golpe de brújula.
¿Cómo ha evolucionado el club?
Ha cambiado muchísimo, pienso que antes todo era mucho más familiar. Como digo, lo más destacado era que se hacían mu-chas amistades. En cuanto a la administra-ción y gestión, antes en el club había un pre- sidente, un secretario y un tesorero de jun-ta, pero también un delegado de montaña, otro delegado de esquí y otro de espeleolo-gía. Pero a lo largo de la historia, siempre toca dar el paso a gente más joven. Las técnicas y el material también han cambiado por com-pleto.
¿Cómo te hace sentir el hecho de que el club cumpla 75 años? Siento orgullo de haber hecho. Me he des-vinculado del club, pero siempre lo llevo dentro y es un orgullo haber pertenecido, ha-berlo gozado. En la fiesta Finalista de este año fue una sorpresa para mí el homenaje que me hicieron. Igual hacía 10 años que no subía al refugio, a Larraiza, y me quedé encantado de haber ido. Fue muy emotivo volver a verlo por-que yo he conocido el refugio cuando se mon-tó, cuando aquello sólo era un hayedo.
