La alta costura de ‘El Chuche’ en vestidos para novias gitanas

Jesús Jiménez Amador, estellés de 29 años, cose con todo el arte que lleva en sus venas para las mujeres de su familia, mientras sueña con poder vivir de su pasión

Con la discreción que le confieren las paredes de su habitación en el piso familiar del barrio de San Miguel, el estellés Jesús Jiménez Amador cultiva desde niño su don para la costura. Al ‘Chuche’, como le dice su madre y la gente que le conoce, siempre le han gustado las telas y las agujas -desde muy pequeño se hacía sus propios disfraces- pero en los últimos tiempos su afición ha alcanzado niveles de alta costura en lo que a diseño y elaboración artesanal de vestidos de novia gitana se refiere.

De momento, Jesús Jiménez se brinda a trabajar desinteresadamente para las mujeres de la familia -sus primas y su madre-mientras se decide a dar el paso y a convertir su gran afición en una profesión que, cuando despegue, no dejará a nadie indiferente. Autodidacta, aprendiz a base de práctica y el apoyo de Internet, ha contribuido a hacer realidad los sueños de princesa de unas cuantas primas.

“Mi sueño es tener mi propio taller y dedicarme a ello”, fantasea -y no tanto- en voz alta El Chuche, de 29 años. “No me veo en Estella, pero sí en Pamplona como cerca, o en Madrid. Una vez mi primo me llamó el Dios de la costura, y me gustó”, se ríe el mayor de tres hermanos de una familia que nunca ha manifestado especial interés ni por telas ni por patrones. “En la familia a nadie le ha dado por esto, pero él lo hace muy bien, le sale natural”, cuenta su madre, Mar Amador.

Desde hace varios años, la familia convive en casa con la pasión del hijo primogénito, que se traduce en telas brillantes, hilos, piedras y cristales, que invaden el salón cuando el vestido va cogiendo forma y tamaño. Porque los vestidos de novias gitanas son todo menos sencillos. “Les gusta cuanto más mejor. En mi opinión, a veces van exageradas, incluso apenas pueden moverse, pero cuanto más llevan más guapas se sienten y más guapas se las considera”, apunta Jesús Jiménez.

Indudablemente, los vestidos son de mucha fantasía. De inspiración árabe, dejan claro que ese día la novia es la protagonista. El modisto estellés –merece la categoría- lo sabe muy bien. Sus primas deben a Jiménez la espectacularidad de su boda y que todos los ojos se posen en ellas, porque los vestidos son su regalo. “Para mí hacer un vestido es un reto y me permite aprender y coger experiencia, también ganar seguridad, antes de lanzarme. Sé que son un gran regalo, y se quedan fascinadas, lo reciben con una alegría gigantesca y no saben cómo agradecerlo porque el vestido es lo importante. Yo me quedo encantado”, confiesa.

Hace cuatro años, el joven demostró el talento y la habilidad de sus manos con la realización a muchos ratos, sobre todo por la noche, de nada menos que cuatro vestidos para la boda de su prima Dolores, ‘La Chili’, de Estella. Dejó a los más de mil invitados (sin niños) con la boca abierta. Fue sin duda la muestra más patente de la magia que consigue con la aguja y el dedal. “Me ayudaron mucho mis tías”, apunta con modestia.

El resultado de mucho trabajo fue un look único para cada momento de la celebración de Dolores. Explica el artista que el vestido principal, que tras la boda él guarda en casa como oro en paño, fue el utilizado en la ceremonia: nada menos que diez metros cuadrados de tela foamizada cubierta por encaje y decorada con pedrería, con un peso cercano a los diez kilos. “Quedó precioso, tengo fotos de la boda y la novia estaba guapísima”.

Tres más

No fue éste el único de los modelos que lució La Chili en su gran día. El primero, una pieza dorada con cola desmontable, lo llevó durante el rito del pañuelo. Tras el espectacular traje de la ceremonia, llegó la fiesta, y fue entonces cuando la recién casada desplegó dos modelos más: uno de cuerpo dorado con cola rosa de pluma, “como un algodón de azúcar”, y otro rojo con flores rojas, más andaluz, como colofón. “Mi prima se puso cuatro trajes, aunque lo normal es utilizar dos vestidos diferentes en una boda gitana. Bueno, en mi casa se acostumbran tres. Yo soy su padrino, era una boda muy especial, y el cuarto fue una gran sorpresa para ella”, cuenta.

Mientras se plantea su futuro, quizá a un paso se quedó Jesús Jiménez de la fama cuando fue invitado a participar el pasado año en el desfile de Miss Gitana que se iba a celebrar en Sevilla. “Tengo una amiga que es amiga de Eva, la de los Gipsy Kings. Es también modista y le habló a Eva de mí. Iba a mostrar algunos de mis vestidos en el desfile del concurso pero la pandemia obligó a cancelarlo”, explica con lástima.

Hubiera sido una ocasión de oro por mostrar su trabajo sobre la pasarela y compartir con los asistentes el arte que corre por sus venas. Porque ‘El Chuche’ no da puntada sin hilo, seguro que regresa su oportunidad.

Un traje para cada momento

1. VESTIDO DEL RITO DEL PAÑUELO.
Dorado, con decoración floral, pluma y perlas. Con cola desmontable.

2. VESTIDO DE LA CEREMONIA.
Diez metros de tela foamizada cubierta de encaje, en color crudo, decorado con pedrería. Así fue el vestido principal que Dolores llevó el día de su boda.

3. VESTIDO PARA EL BAILE.
Tras la ceremonia, la novia cambió de modelo. En este caso lució un vestido de corte de sirena con cola de plumas que le daba un aspecto dulce y romántico, como de algodón de caramelo.

4. ÚLTIMO VESTIDO.
Cuarto vestido, rojo con decoración floral, estilo más andaluz. Fue una verdadera sorpresa para la novia de parte de su primo y padrino.


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