Al mal tiempo, buena cara en Carnaval

Al mal tiempo, buena cara en Carnaval

El color y la alegría desafiaron a la lluvia, que obligó a desplegar los paraguas

La previsión meteorológica ponía sobre aviso, pero la kalejira del Carnaval rural de Lizarra ikastola tuvo suerte. A las 17.15 del viernes 28 de febrero, la lluvia daba un respiro y los alumnos del centro se dieron prisa por pisar la calle. La kalejira que tantas horas de preparativos tenía detrás pudo trasladarse a la ciudad para mostrar los disfraces y personajes tradicionales. El sábado 1 de marzo, quienes se aventuraron a salir disfrazados de casa para participar en la concentración del Carnaval variopinto en la plaza de los Fueros no tuvieron tanta suerte. El agua no dio tregua ni un solo segundo y consiguió sumar los paraguas al atrezzo y a las ganas de diversión de los participantes más valientes.

“La música, una chocolatada y toro de fuego nutrieron el programa del sábado por la tarde“

Carnaval Rural

El desfile etnográfico de Lizarra Ikastola fue posible en la calle 

Apenas duró una hora el recorrido multicolor que protagonizaron los alumnos de todos los niveles de Lizarra Ikastola el viernes 28 por la tarde. Discurrió algo más ligera que en ocasiones anteriores pero pudo llevarse a término. La lluvia volvía a hacer su presencia a tan sólo unos metros de la entrada al patio del colegio, donde a cielo cubierto se desarrollaría la escenificación del juicio al ladrón Aldabika. Ganas de calle y exhibición había muchas después del intento frustrado el año anterior cuando el tiempo no transigió ni tan siquiera unos minutos y hubo de celebrarse en el patio. 

Así, el viernes el grupo de joaldunak hacía de avanzadilla y abría la larga comitiva. El tintineo de los cencerros recordaba al sonido de los pueblos, de la vida rural que el carnaval etnográfico homenajeaba un año más. Los txatxos de Lantz seguían detrás, después los palokis de Estella-Lizarra; la comparsa de Aldabika, más palokis, otra comparsa de Lanz con txistularis de Padre Hilario Olazarán, los momoxorroak de Unanua, los mairus de Lesaka, los momotxorros de Alsasua en este caso, además de las brujas, los zipoteros de Tudela, los txatarras de Arbizu, el carbonero de Estella, los danzaris de Goizueta, el larrukin de Olite, el oso de Arizkun y la pareja de recién casados, los zirikitzailes de Estella, más palokis etnográficos y más cencerros para cerrar el pasacalles. 

El Carnaval rural fue posible gracias a la colaboración de los padres y de numerosos colectivos culturales que arroparon durante todo el recorrido poniendo la música. Era el caso de los txistularis padre Hilario Olazarán, de los gaiteros Deierri, de un grupo de acordeonistas de la ikastola, de otro de trikitilaris y de los gaiteros de Estella. De vuelta al patio, en torno a las seis de la tarde, comenzaba el teatro de Aldabika con la participación de todos los personajes del Carnaval. Volvía la lluvia, pero el teatro se realizó a cubierto. Ya no importaba. 

Carnaval Variopinto

La fiesta del disfraz quedó relegada a los portales  

El agua no diluyó la alegría de los más pequeños, que no se resistieron a salir a las calles en la tarde del sábado de Carnaval; pero sí contrarió a los padres, resignados al paraguas y a la protección de los portales. Sin embargo, la lluvia no deslució el color, porque color hubo, mucho, también en los paraguas que desfilaron como si formaran parte del atrezzo. 

El disfraz de Mary Poppins, de chinas, o de damas de la alta sociedad, que incluyen paraguas y sombrillas como complemento, podían haber sido las elecciones más acertadas porque, de hecho, cualquier disfraz acabó haciendo uso de ellos. La concentración de niños en la plaza de los Fueros, prevista para las cinco de la tarde, se retrasó en el horario y no fue hasta las seis cuando el grueso de los participantes del carnaval variopinto comenzó a llegar. La música sonaba desde el quiosco de la plaza intentando poner al tiempo mala cara. 

Entre los primeros en llegar a las inmediaciones de la plaza se encontraba una cuadrilla que se refugiaba en el pasadizo de la calle San Andrés. Entre ellos estaban Richi Diego Oyeta, Ian Navarro Polo y Nelson Argüello Bonilla. Llevaban toda la semana esperando el día y la fuerte lluvia afectaba a sus planes. “Hombre, la verdad que con tan mal día… hoy, precisamente, que vamos a estar mucho rato por ahí”, decían los alumnos del IES Tierra Estella. Sobre ropa de calle oscura se habían colocado unas caretas. 

Era un disfraz sencillo, aunque conseguían que no se les conociese y así poder blandir sin pudor los botes de espuma. Más preparados, aunque con la cara al descubierto, fácilmente reconocibles, iba una cuadrilla de alumnos del colegio Santa Ana. Nada menos que 25 caramelos ‘emanems’, que ese día no se iban a derretir. Bien forrados de ropa, incluso con el abrigo debajo de la goma-espuma de su disfraz, se iban juntando a la entrada de la plaza para disfrutar de una tarde diferente.

 Allí estaban, los primeros: Juan Cantón Cadarso, Sergio Santesteban Jiménez, Carlos Sanz de Acedo Vega y Álvaro Erdozáin Jordana, de quinto de Primaria. “Haremos lo que se pueda. Teníamos muchas ganas de Carnavales, pero con toda esta lluvia hubiéramos preferido salir otro día”, apuntaba Álvaro Erdozáin. 

Para todos los gustos

Cerquita de ellos, por medio de la calle, desafiando al agua que caía como una cortina, desfilaba un grupo heterogéneo formado por un lobo, un policía, dos gánsteres, un detective, un militar y dos hippies. Las identidades ocultas eran las de Lander Pinillos Wilson, Hegoi Caballero Sánchez, Iker Jiménez Dupuy e Iker Pascual Etxeberria, todos ellos alumnos de quinto de Primaria de Lizarra Ikastola. 

Al principio querían ir de espías, todos iguales, como el año pasado cuando se vistieron de gansters, pero no encontraron en la tienda disfraz para todos y decidieron improvisar. El tiempo había sido un chasco para la ilusión de los pequeños. “Con este día hablaremos sobre cosas y andaremos por los portales para no mojarnos y comeremos unas chuches. Es una pena porque este día es muy divertido y aguantamos hasta las 12”, decía Lander Pinillos. 

Los portales se convertirían en terreno de juego para futbolistas del F.C. Barcelona, de la Selección Española y del Bayern de Münich. En el equipo variopinto también había un portero, un míster y dos árbitros. El grupo formado por Javier Andueza Ugarte, Daniel Sánchez Echávarri, Pablo Liberal Caneda, Alejandro Gómez Moreno, Imanol Ibarrola Armañanzas, Álvaro Echávarri Balenzategui, Nicolás Andueza Ugarte eran alumnos de sexto de Primaria del Mater Dei. “Hoy llueve, pero contra el fútbol no puede cualquiera”, decía uno de los futbolistas. “Aunque sea en los porches, daremos unos toques”, decía otro compañero sin perder un ápice de la ilusión. 

Toques daban unos y paseíllos hacían otros: los toreros. Allí, cogiendo el toro por los cuernos en la tarde desapacible, se encontraban Rubén Boza Ros, Jesús Chocarro Castañeda, Julen Berrendo Orejuela, Andrés Izu Villar, David Ganuza Aramendía y Marcos Romero Sucunza, todos alumnos de primero de la ESO del colegio El Puy.  “Hasta las once y media de la noche tenemos tiempo para estar pro ahí. No nos importan e tiempo, nos lo pasaremos bien y echaremos unas risas·, decía Rubén Boza. 

Carnaval y suerte

Y entre princesas, piratas, vaqueros, abejas, cerditos, hippies, gallos y gallinas, brujas, cocineras, boxeadores, tigres, mimos, monjas, chinas y muchos más, se encontraba también un payaso. Mariasun Fernández Osés, de 53 años, con peluca de colores y una gran nariz roja de espuma, contemplaba el espectáculo desde la cabina acristalada del puesto de la Once en la esquina de la calle San Andrés con la calle Mayor. 

“Me gusta el Carnaval y aunque hoy toca trabajar no quita que no pueda estar en la fiesta. Yo siempre he sido de disfraz, y esta noche sacaré otro que tengo preparado y que es una sorpresa”, decía. Si los niños se acercaban a la cabina, la vendedora de la Once les daba una piruleta. “Y ojalá esta tarde pueda dar algún premio. Eso siempre viene bien, pero hoy mucho más”, reía. En la tarde no faltó una chocolatada preparada por Anfas y el toro de fuego.

Carnaval en las aulas

Los colegios de Tierra Estella también disfrutaron de la fiesta 


Además de Lizarra Ikastola que comparte su Carnaval con la ciudadanía, el resto de colegios también celebraron su Carnaval. Se trata de una fiesta de convivencia entre los alumnos y loas maestros, a la que también suelen estar invitados los padres. Algunos centros educativos han mandado algún momento fotográfico del Carnaval vivido en las aulas. 

Jueves de Lardero

Cuestación infantil en Oco 


Los niños de Oco celebraron el Jueves de Lardero el sábado de Carnaval. Tradicionalmente la fiesta se realizaba en jueves, pero en los últimos años se traslada al fin de semana para ganar mayor participación. Los niños recorrieron las casas de la localidad disfrazados y cantando canciones para realizar una cuestación de alimentos. Después, los disfrutaron en una comida en la sociedad. Esta tradición también se mantiene viva en Améscoa.

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Carnaval rural

La fiesta del disfraz el sábado 1 de marzo ponía fin a tres fines de semana marcados por la alegría del Carnaval. 

En primer lugar, el desfile de Caldereros salía a la calle para hacer ruido y bailar el sábado 15 de febrero. El sábado 22 le llegaba el turno al Carnaval Rural. Destacaba en el programa para ese día la concentración de disfraces rurales a las ocho de la tarde para iniciar un recorrido por las calles. A continuación, se escenificaba la quema del ladrón Aldabika. Después, merienda en La Bota, conciertos y baile de la Era. 

Los tres fines de semana de Carnaval en Estella fueron posibles gracias a la organización del colectivo ‘Festa Giro’, que contaba con una subvención de 5.190e para toda la programación.

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