Llamadas de ilusión entre el futbolista Valdo y la monja Marina

Llamadas de ilusión entre el futbolista Valdo y la monja Marina

El jugador del Izarra no olvida a la religiosa que le despertaba en el internado para dejarle ir a ver los partidos de fútbol

Con la ilusión de poder continuar como ficha blanquiazul en el Izarra, el futbolista Valmiro Lopes Rocha, más conocido como Valdo, de 39 años, pasa el confinamiento con su familia en Pamplona. Compagina las tareas del hogar y el cuidado de sus pequeños con los entrenamientos propios para mantenerse en forma. En medio de esta crisis sanitaria, Valdo no olvida llamar a la hermana Marina, la monja madridista de la Orden de las Esclavas que cuidó de él en el centro residencial de menores Santa María del Parral de Madrid; la persona que le permitía ir a ver en televisión los grandes partidos que se retransmitían por la noche y una “madre” con la que compartió su gran pasión por el fútbol.

“Marina está bien. Ahora ya está retirada y vive en un convento de Salamanca. Tiene 90 años y cuando la llamo hablamos de fútbol, es muy madridista. También me pregunta por mi familia y por cómo me encuentro. Ella está bien de salud, aunque se va notando su avanzada edad en las conversaciones. Allá en el convento están tranquilas y como no salen de su residencia están protegidas ante el coronavirus, o por lo menos no tienen tanta exposición al virus”, informaba Valdo a Calle Mayor.

El delantero del Izarra es natural de Villablino (León). Sus padres son originarios de Cabo Verde. Cuando sus padres se separaron, Valdo fue a Madrid con su madre y su padre se quedó en León, donde ejercía como minero. De los 5 a los 11 años Valdo vivió en una residencia de menores, entonces el denominado internado de Santa María del Parral. La afición por el fútbol se la inculcó su padre. “Jugaba al fútbol y entrenaba a varios equipos. Cuando iba a León, a pasar las vacaciones o algunos puentes, siempre iba a verles”, recuerda.

La verdad que es muy curioso que a una monja le guste el fútbol

En el internado fue donde conoció a la hermana Marina. “Había varias cuidadoras que se hacían cargo de nosotros por edades. Nos ayudaron mucho a evadirnos de la situación que vivimos siendo tan pequeños. Nos daba pena estar lejos de la familia, pero los torneos de fútbol que organizaba Marina nos ayudaban a olvidar la situación. Ella se encargaba de llevarnos a los lugares en donde se celebraban los torneos y hacía cuatro o cinco viajes con la furgoneta si era necesario. Además, aprendimos los valores del deporte como el compañerismo, el saber perder y volver a levantarte, etc. A mí el fútbol me ayudó mucho”, reconocía Valdo, quien además recordaba que la hermana Marina llevaba el recuento de los goleadores, daba medallas después de las finales y, además, tenía una lista con todos los cumpleaños de los residentes y, así, todos sabían quién era el próximo cumpleañero. “Cuando había partidos importantes, Marina nos despertaba de noche y nos sacaba a escondidas a los que éramos muy aficionados al fútbol o despuntábamos más que el resto para ir a ver los partidos en televisión. La verdad es que es curioso que a una monja le guste tanto el fútbol”, reconocía Valdo.

La última vez que vio personalmente a Marina fue el pasado verano. Este emotivo reencuentro entre el futbolista y la monja fue recogido por El País Semanal. La próxima fecha para ir a visitar a Marina no está marcada en el calendario de Valdo, pero lo que sí sabe seguro es que las llamadas de ilusión continuarán, bien en sus respectivos cumpleaños o algún día de estos para hablar de fútbol y de la actual situación de crisis sanitaria.

Toda una vida dedicada al fútbol

Valdo inició su carrera futbolística en Madrid. Cuando salió del internado, el entrenador de fútbol del centro, José Sánchez Parra, le propuso vivir en su casa para poder apostar por este deporte en Madrid. Su trayectoria arrancó en las categorías inferiores del Pozuelo de Alarcón. Cuando culminó en categoría Cadetes firmó en el Real Madrid, equipo del que formó parte seis años y con el que debutó en Primer División. “En el Madrid aprendí mucho y fui testigo, desde la grada, del histórico gol de Zidane, en la final de la Champions ante el Bayer, en Glasgow”, recordaba el futbolista del Izarra. Del color blanco del Madrid pasó al rojo de Osasuna. “Vine a Pamplona para media temporada y estuve cuatro años y medio. Viví los mejores años de la historia de Osasuna. Conseguimos disputar la final de la Copa del Rey, nos clasificamos para la Champions League al quedar 4º en Liga, y llegamos hasta las semifinales de la Copa de la UEFA, en fin, fue inolvidable. En Osasuna me sentí como en casa desde el primer día”, expresaba. Después, el futbolista leonés pasó por diversos equipos como el Espanyol, Málaga, Levante, estuvo en México, Grecia, en el Racing de Santander, en la India y, después, ya en segunda pasó por el Lealtad, Peña Sport hasta recalar en enero de 2019 en el Izarra.

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