“FORMAR PARTE DE LARRAIZA ME PERMITIÓ APRENDER EN TODOS LOS ÓRDENES DE LA VIDA” – FÉLIX BAKAIKOA AYÚCAR

“FORMAR PARTE DE LARRAIZA ME PERMITIÓ APRENDER EN TODOS LOS ÓRDENES DE LA VIDA” – FÉLIX BAKAIKOA AYÚCAR

El estellés, actualmente integrante de la Asociación de Exdanzaris Francisco Beruete, perteneció al grupo de danzas veterano desde 1968 hasta 1985

Félix Bakaikoa Ayúcar (10 de julio de 1951) es memoria viva de una etapa clave en la his-+toria del grupo de danzas Larraiza. Formó parte del colectivo entre 1968 y 1985, unos años marcados por profundos cambios sociales y políticos, y vivió desde dentro la evolución de la danza como espacio de aprendizaje, convivencia y expresión cultural. Años después, en 2003, Bakaikoa participó en la formación de la Asociación de Ex Danzaris Francisco Beruete, en la que se mantiene en activo.

¿Cómo recuerdas tu paso por el grupo de danzas?
Entré en el grupo con 17 años, pero era como tener 22 o 24, porque antes se era más maduro. Llevaba trabajando desde los 13 años. Lo recuerdo como el descubrimiento de una vida nueva. No era solo ir a bailar. Era aprender, estar con gente, hacer salidas, tanto con el Ayuntamiento como fuera, a lugares como Biarritz o Mauleón. Allí veía cosas que no conocía. Recuerdo ver allí la ikurriña y no saber qué era, estar con gente de Estella que estaba allí por motivos políticos y que nos esperaban como agua de mayo. Convivíamos ese día con ellos y me im-pactó mucho. En estos 60 años la evolución social y política ha sido bestial. Y el grupo ha sido testigo de todo eso. A mí, formar parte de Larraiza me permitió aprender en todos los órdenes de la vida.

¿Era entonces, un medio para las relaciones sociales y para sentir más libertad?
Sí. Con el grupo podíamos salir, hacíamos actividades diferentes. Se formaba una cuadrilla muy entrañable. Éramos siete u ocho parejas, no había más. Todo eso, junto con las vivencias, hacía que la unión fuera todavía más fuerte.

¿Sientes nostalgia al recordarlo?
Sí, mucha. Y recuerdo momentos muy intensos. Situaciones de tensión social, momentos complicados… cosas que vivías sin entender del todo qué estaba pasando.

¿Qué importancia tenía vuestra labor cultural? ¿Se reconocía?
Mucha. Éramos gente que dedicaba su tiempo en beneficio de su propia diversión, pero también creando la fiesta. Para mí, la fiesta éramos nosotros. La gente que participaba estaba creando la fiesta. Hacíamos lo que llevábamos dentro, y ver que la gente respondía, que aplaudía y lo reconocía, era bonito.

¿Desde la distancia, ves evolución en el grupo?
Sí, muy grande, y para bien. Estoy muy orgulloso de que el grupo celebre sus 60 años. Ahora considero que los danzaris tienen mucho más nivel técnico, que están mejor preparados. Se ha notado mucho el apoyo y la enseñanza de gente formada. Pero antes, cuando yo estaba, también había exigencia. Yo recuerdo ser bastante rígido en los ensayos, algo heredado de Beruete, y había normas muy claras. Pero ahora se percibe un mayor equilibrio: disciplina, pero también disfrute. Esto es algo que va con las generaciones.

¿Tiene hoy el folklore el mismo im-pacto que antes?
No. En nuestra época había una efervescencia social y política que influyó mucho. Ahora el contexto es distinto, aunque haya mucho interés. Es destacable el hecho de que en Estella, para la población que hay, convivan muchos grupos y existan muchas opciones para aprender a bailar. Eso demuestra que hay seguimiento y que la tradición se mantiene. Por lo tanto, todo esto sigue vivo. Hay gente dispuesta y base para que la tradición de la danza continúe.

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