
El consistorio y la asociación tienen un acuerdo con unas condiciones claras. Los beneficiarios deben constituirse como sociedad deportiva, aportar una fianza de 600 euros, encargarse del mantenimiento del recinto y delimitar el perímetro con un vallado de al menos dos metros de altura que alberga dos pistas deportivas. Además, la asociación está obligada a contratar un seguro de responsabilidad civil por valor de 150.000 euros. En el recinto no pueden construir ningún habitáculo ni se permite la venta de bebidas.
Este acuerdo supone una oportunidad largamente esperada. “Es la primera vez que sentimos que las autoridades nos han mirado”, explica Amanda Ortiz, presidenta de la asociación. Su historia es también la de muchas personas que han llegado desde Ecuador y han hecho de Estella su segunda casa. “Cuando llegué, ya había gente jugando. Yo empecé a practicar fútbol y baloncesto, pero siempre acabábamos reuniéndonos todos para jugar a ecuavoley”, cuenta.
Los primeros encuentros se realizaban en los terrenos de Remontival, donde incluso se organizaron campeonatos. Más tarde, el grupo se trasladó a una parcela cercana a los juzgados, en el barrio de Lizarra, donde apenas había espacio para una cancha. Con el paso del tiempo, la comunidad ecuatoriana creció y la necesidad de un lugar más amplio se hizo evidente.
En 2019, encontraron un nuevo punto de encuentro en el paraje de Oncineda, en terrenos compartidos entre la propiedad privada y la municipal. Allí, gracias a la buena disposición de los propietarios, lograron adaptarse durante un tiempo. Pero la construcción de la pista de atletismo y de la residencia volvió a dejarles sin espacio.
Lejos de rendirse, iniciaron conversaciones con el Ayuntamiento. Amanda Ortiz destaca el papel de la alcaldesa y de la técnica de deportes, quienes les han acompañado en todos los trámites. “Siempre habíamos pedido ayuda, pero nunca de manera formal. Desde 2023, cuando asumí la presidencia, empezamos a organizarnos mejor, aunque no ha sido fácil. Siempre encontrábamos obstáculos”.
El ecuavoley, una variante del voleibol tradicional, es el corazón de la reunión social de toda la comunidad en Estella y también de localidades próximas. Esta disciplina se juega en equipos de tres contra tres y combina la rapidez con la estrategia y la coordinación. Cada jugador asume un rol específico: el ponedor es el encargado de rematar, el volador defiende las pelotas largas y el servidor, organiza el juego desde el fondo. A diferencia del voleibol convencional, la dinámica se vuelve más intensa y continua, con partidos que pueden prolongarse durante horas.
No obstante, el valor del ecuavoley va más allá de lo deportivo. “Para nosotros, es un espacio de encuentro”, subraya Ortiz. “Aunque llevamos muchos años en España y respetamos las tradiciones de aquí, compartir con gente de tu país es distinto. Supone recordar el pasado, hablar de la familia, sentirte cerca de tus raíces”.
Los fines de semana, jugadores de localidades cercanas como Villatuerta y Lerín, e incluso Pamplona, se suman a los encuentros en las dos pistas habilitadas en Merkatondoa. Por las tardes, especialmente los fines de semana, las canchas reúnen a más de cien personas.
El nuevo espacio no solo permitirá practicar deporte con mayor seguridad y estabilidad, sino también consolidar una iniciativa que ha crecido desde la autogestión. Entre sus próximas demandas figura la instalación de baños portátiles, que la Asociación se encargaría de mantener.
Mientras se ultiman los detalles que terminen por completar el proyecto, la comunidad ecuatoriana mira hacia adelante con optimismo y con muchas ganas de seguir compartiendo deporte, añoranzas y recuerdos.
