
Los actos comenzaron el viernes por la tarde con la conferencia de Luis Javier Fortún, titulada ‘Los Arcos, 1176. Un fuero para un bastión y un burgo’. Fue la antesala del sábado, que comenzó con dianas, kalejira y un recibimiento y salida en Cuerpo de Ciudad a las doce del mediodía con la participación de la Corporación. Se desplazaron desde el consistorio hasta la casa de cultura, donde se celebró el acto institucional Fundación de la Villa de Los Arcos. Vecinas y vecinos, en su gran mayoría ataviados con vestimenta medieval, contribuyeron a recrear el ambiente histórico de la jornada.
En el acto participaron representantes municipales de La Berrueza y de las Cinco Villas, así como el alcalde de Laguardia, Raúl García. Durante el acto se puso en valor el vínculo histórico entre ambas localidades, que recibieron sus fueros con pocos años de diferencia de manos del rey Sancho VI el Sabio. El alcalde de Los Arcos, Eduardo García de Galdiano, fue el encargado de dar la bienvenida y subrayar la relevancia de esta conmemoración. Asimismo, hizo entrega de obsequios a las autoridades asistentes en un gesto de reconocimiento y refuerzo de los lazos entre territorios.
La fiesta siguió con una paellada popular en la plaza Santa María de los Arcos, seguida de una exhibición de cetrería y de animales exóticos, a cargo de la Gran Escuela Basabere y de conciertos de música a las once de la noche. Actuaron Nublar y Delira en la plaza del Coso.
El domingo siguió la fiesta con un mercado de artesanía y alimentación en el casco antiguo, amenizado por el grupo de música Ministriles de Errioxa y la participación de bodegas, establecimientos y asociaciones locales. Durante la mañana hubo también teatro infantil, misa cantada y, a las tres de la tarde, se cerró la ‘cápsula del tiempo’. Los vecinos pudieron participar dejando un mensaje, un recuerdo o una fotografía como un legado que será abierto en el año 2076.
Ya por la tarde, cerró el programa el concierto de la coral ‘Unión y Armonía’ en la parroquia Santa María y el momento simbólico en el que la luz del sol iluminó la imagen de la Virgen en la portada de la iglesia. Esta curiosidad ocurre dos veces al año.
