
Antaño, hablamos del siglo pasado, y hasta 1981, momento en el que se construyeron las piscinas municipales del Agua Salada, era el lugar por excelencia de las familias para pasar las mañanas y las tardes estivales. Como muestra la imagen, cedida por Domingo Llauró, había dos piscinas junto al manantial, entonces situadas en la propia orilla del río Ega. La fotografía ofrece una buena panorámica de cómo se divertían entonces los vecinos de todas las edades que acudían a la playa del río en busca de diversión y descanso. Los márgenes en este punto se rellenaban con arena para ofrecer un espacio más agradable e, incluso, durante unos años ambas orillas estuvieron conectadas por una pasarela. Hoy, la zona de la poza natural del Agua Salada está vallada y, desde una cota más alta que en el pasado, algunos jóvenes aprovechan para lanzarse al río, en los puntos donde tiene mayor profundidad. En la orilla opuesta al manantial, de manera más informal que antaño, la playa del Ega, junto a La Hormiga, sigue siendo un lugar de reunión con posibilidad de refrescarse; aunque no tenga las condiciones de una playa fluvial regulada y el baño hoy en día no esté prohibido ni recomendado.
Fotografías: Domingo Llauró y Raúl Vergarachea.
