
Este número de la Revista Calle Mayor inaugura una nueva sección: ‘Ayer y hoy’. Este espacio tiene como objetivo mostrar gráficamente con fotografías el cambio que ha experimentado la ciudad de Estella-Lizarra en las últimas décadas.
En los siguientes números compararemos, gracias al archivo de Domingo Llauró, el aspecto que en el pasado tenían calles, plazas, edificios y rincones con las imágenes actuales, tomadas por Raúl Vergarechea. El planteamiento de esta sección es ofrecer en la medida de lo posible el mismo encuadre y el mismo punto desde el que se disparó la cámara la primera vez, teniendo en cuenta que muchos lugares se han modificado urbanísticamente y no siempre será posible la copia exacta.
Las imágenes antiguas que iremos mostrando quincena a quincena pertenecen mayoritariamente a los años 50, 60 y 70 del siglo pasado. Es el caso de esta panorámica parcial de la ciudad del Ega, tomada en 1959/60, con la que abrimos la sección, y que fue y ha sido obtenida desde el entorno de la peña de Zalatambor. La comparativa del blanco y negro y el color muestra cómo ha crecido la ciudad con nuevos viales y urbanizaciones.
Algunos elementos no han cambiado en Estella-Lizarra con el paso de los años. Es el caso del telón de fondo que brindan a la ciudad los montes de Santa Bárbara y las sierras.
Si observamos la foto antigua, destacan los tres edificios monásticos que hoy en día todavía dan carácter a la ciudad, aunque alguno haya variado su uso e incluso su arquitectura. Vemos los conventos de San Benito, de Santa Clara y el edificio de los padres escolapios, hoy Lizarra Ikastola. En primer término, encontramos el bloque alargado de las ‘casas rojas’, construidas en pleno Camino de Santiago, en la calle Camino de Logroño, frente a la N-1110, cuya estética prácticamente no se ha alterado.
La plaza de la Coronación no existía en aquellos tiempos con la estética actual y, junto a la actual ‘travesía’, el edificio de la estación era el de la estación de tren. El trazado de la vía, internándose en Valdelobos, se aprecia sin esfuerzo en la escena en blanco y negro, dejando a la izquierda un páramo de tan sólo huertas sobre el que más tarde creció la ciudad con la urbanización de todo un barrio, Arieta.
Más valen dos imágenes que mil palabras. Cesamos la explicación e invitamos al lector a volver atrás en el tiempo y a perderse en recuerdos, si los vivió. Los más jóvenes tendrán la oportunidad de acercarse a la estética de Estella-Lizarra del pasado.


