Tasubinsa, autonomía personal a través del empleo

La actividad en TIERRA Estella comenzó en el seno de Anfas hace casi 40 años. En 1996 la producción se trasladó a una nueva nave en Villatuerta, donde actualmente trabajan 87 personas

Tasubinsa celebraba el 30 de octubre sus 25 años en Navarra. La entidad, sin ánimo de lucro y declarada por el Gobierno de Navarra de Utilidad Pública e Imprescindibilidad, ofrece empleo y ocupación en la Comunidad foral a más de 1.400 personas con discapacidad, preferentemente intelectual y del desarrollo. En Villatuerta se ubica una de sus plantas desde 1996, si bien la actividad en Tierra Estella comenzaba hace casi cuarenta años en Estella de la mano de varias familias agrupadas en Anfas. El centro de Tasubinsa ubicado en el polígono San Miguel acoge en la actualidad a una plantilla de 87 personas.

La planta de Villatuerta, como el resto de centros, mantiene intacta la vocación y el objetivo de los inicios: la integración social y laboral siempre adaptada a las capacidades individuales.

El responsable del Centro Ocupacional y Especial de Empleo de Tierra Estella, Cruz Barandalla, explica que la plantilla está dividida en dos grupos: la denominada Unidad Ocupacional, con 39 usuarios, y el Centro Especial de Empleo, con 34. El resto de los trabajadores es personal técnico. “Los usuarios de Unidad Ocupacional reciben terapia laboral mediante actividades ocupacionales. Realizan también actividades de fomento de la autonomía y del desarrollo personal mientras que tienen horarios, normas y se relacionan en el plano laboral. En cuanto a los del Centro Especial de Empleo, están dados de alta en la Seguridad Social y cumplen su turno en producción”, cuenta.

Todos reciben un salario por su trabajo, actividades supervisadas todo el tiempo por un equipo de profesionales, entre ellos Ana Alonso. Terapeuta ocupacional, sus funciones van dirigidas al colectivo de Unidad Ocupacional.

“Mi trabajo tiene tres ejes. La estimulación cognitiva, para abordar temas como la atención, la memoria, el lenguaje o el cálculo, con el objetivo de prevenir la pérdida de autonomía. También la expresión creativa y corporal. A través de las manualidades desarrollamos su destreza manipulativa y el aprendizaje funcional, como por ejemplo el manejo del dinero. En tercer lugar, la autonomía personal, a través de tareas sencillas como el pelado de la fruta, el manejo del teléfono, del ordenador, hábitos de higiene y hábitos instrumentales, como la plancha y doblar la ropa”, enumera.

Cada persona tiene establecido un objetivo anual, relacionado con su principal carencia, que los usuarios conocen y que se evalúa una vez al mes. “Este grupo realiza también terapia laboral, mediante diferentes tareas en producción acordes con sus capacidades. Son procesos sencillos que les permite sentir que devuelven algo a la sociedad. Es un trabajo sin estrés, sin responsabilidad, pero de contacto con el mundo laboral”, añade.

Control de la calidad

Las instalaciones de Villatuerta ocupan una superficie de 2.900 metros cuadrados repartidas en dos pisos. La zona industrial, en la planta baja, acoge la producción, donde los trabajadores se afanan en labores manuales y también mecánicas como troquelados, engastes de cables, remaches, atornillados, etiquetaje y embalaje y paletizado.

Tasubinsa recibe actualmente los encargos de empresas de la zona, entre ellas Schneider, CEBI (antigua Certan), Embega, Unice, Gráficas Lizarra y CSA de Allo. Una de las responsables de grupo, Beatriz Velasco, se refiere a las altas exigencias de calidad en los procesos. “Se tiene el mayor control que se puede tener, con una garantía del cien por cien porque las empresas nos lo exigen como a las demás. Si algo está mal hecho se devuelve y se rectifica, como debe ser para ser competitivos”, apunta.

La producción se organiza en tres turnos y en cada turno hay tres grupos, cada uno con su responsable y con su maestro de taller. “Las cargas de trabajo, igual que cuando entran encargos nuevos, se reparten. Los trabajos son importantísimos pero los chicos son lo primero. La atención a la persona es prioritaria”, añade Velasco.

Trato cercano

El responsable de la planta, Cruz Barandalla, lleva 31 años vinculado con la empresa. Asegura que cada día es diferente en un ambiente siempre familiar. “Para mí este trabajo es muy gratificante. A veces se complica, pero lo que importa es tratar a la gente con respeto y con cariño. Para funcionar y poder trabajar aquí hay que tener sensibilidad, mucho tacto, y se coge con los años. También hay que dejar clara la autoridad y cumplir con las exigencias de las empresas que solicitan calidad. Yo disfruto mucho”.

Son las cinco de la tarde y suenan las sirenas. Termina el turno y, sin demora, los trabajadores de Tasubinsa se quitan las batas de trabajo y caminan a toda prisa hacia la puerta. Los autobuses esperan para llevarles de vuelta a casa hasta la próxima jornada.

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CAPITAL HUMANO

JESÚS CEMBORAIN ANSALO. 55 años. Natural de Iturgoyen y vecino de Estella.
26 años en Tasubinsa.
“Estoy terminando de remachar las terminales para los conectores de los coches. De mi trabajo me gusta casi todo, sobre todo el montaje eléctrico. Revisar es lo que peor llevo porque tengo problemas de vista. Aquí hay buen ambiente y tengo buena relación con la gente y amigos”.

Mª JESÚS VERGARA ALECHA. 57 años. Bearin.
19 años en Tasubinsa.
“Mi trabajo consiste en coger el cable, meterlo en la máquina y apretar el pedal para poner el terminal. Esta pieza es el encendido de las estufas de butano que se llevan a México. De mi trabajo me gusta todo lo que me mandan. Me gusta mucho venir a trabajar porque en casa me aburro sin hacer nada, aunque ya me jubilaría… solo que no me dejan”.

JAVIER ECHEVERRÍA MARTÍNEZ. 49 años. Estella.
35 años en Tasubinsa.
“En este momento estoy trabajando para Embega, remachando planchas de metal. Unas tareas me gustan más que otras. Hacer el cableado para CEVI, por ejemplo, me gusta mucho. Yo estoy contento por tener trabajo pero llevo aquí muchos años y me gustaría estar en otro sitio; lo que pasa es que es difícil”.

ANFAS E ILUNIÓN

El capital social de la entidad, sin ánimo de lucro, lo componen Anfas (78%) y el Grupo Fundosa, hoy Ilunión (22%).

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