
¿Cómo surge la oportunidad de trabajar como fotógrafa?
La oportunidad de trabajar como fotógrafa se dio cuando realicé cursos de buceo en la escuela y me fui formando como buceadora. Primero fue el ‘dive master’, primer curso profesional para trabajar como guía de buceo, y posteriormente, en abril, terminé el curso de instructora. Estuve trabajando como instructora y uno de mis jefes me ofreció la oportunidad de entrar al equipo de fotografía porque desde que empecé el primer curso sabía que me gustaría tirar hacia la foto submarina en algún momento. Me dio la oportunidad y, valorándolo, decidí hacer la inversión en el equipo, que es muy caro, y lanzarme a la piscina.
¿En qué consiste tu trabajo y cómo es una jornada laboral para ti?
No tengo un día laboral estrictamente planteado. Me ciño a la cantidad de trabajo que hay esos días y a la cantidad de alumnos. Si toca reportajes de grupos, me levanto a las 5 o 6, cargamos para bajar al puerto e ir al punto de buceo y volvemos sobre las 11 de la mañana. Tendría una hora para comer y a las 12.30 horas volveríamos al agua de nuevo.
Por la tarde, tocaría hacer reportajes de fotos de bautizos de buceo. Suelen ser un poquito más complicados porque para los alumnos es la primera vez durante las vacaciones, pero también divertidos. A la vuelta del agua, a las 17.30, ya en casa, llega la tercera parte de mi trabajo: la edición de las fotos para poder enviar los reportajes seleccionados y editados a los clientes.
¿Siempre te ha gustado el submarinismo y el mundo marino?
Cuando comencé el viaje ya sabía desde hacía mucho tiempo que quería probar el buceo, porque en un viaje hace tres años —mi primer viaje sola— ya quise, pero por logística y tiempo no pude. Cuando comencé este viaje sabía que era el momento, pero no sabía en qué país ni en qué punto.
Como de Malasia subí a Tailandia, me pareció buen sitio porque es uno de los lugares más económicos y las condiciones son muy buenas.
¿Cuál era tu contacto con el arte de la fotografía?
Siempre ha formado parte de mi vida. Siempre he disfrutado mucho de fotografiar mis viajes, siempre estoy con el móvil retratando cosas más cotidianas que me van inspirando. Y al estudiar Bachillerato Artístico, la foto ha sido algo que he tenido muy cercano, que me ha gustado.
¿Cómo te sientes debajo del agua haciendo fotos a la fauna marina?
Poder unir buceo con fotografía ha sido algo muy interesante y muy retador. Poder sumergirme y nadar entre los peces es algo que me da muchísima calma y disfruto mucho al capturar esos momentos. Antes me los llevaba solo para mí y ahora puedo compartirlos con otra gente.
¿Tiene mayor dificultad la foto debajo del agua?
Es más difícil, porque al no estar en superficie entran en juego otros aspectos, como la visibilidad. No todos los días tenemos la suerte de tener una visibilidad de 15 o 18 metros. Entonces tienes que ir jugando con luces, con flashes o incluso con la luz natural, poniéndote en un ángulo u otro para obtener buenas fotos. También las corrientes pueden ayudar o entorpecer a la hora de conseguir las fotos que queremos, pero también es un reto.
¿Qué tipo de cámaras o tecnología utilizas?
Utilizo Mirrorless y una Sony Alfa con gran angular, a lo que hay que añadirle las carcasas para sumergirlas hasta 40 metros en mi caso, y las luces. Y siempre un flash externo para fotografiar vida marina un poco más pequeña.
¿Cuál puede ser la experiencia inmersiva, durante tu trabajo o fuera de él, más impresionante?
Quizás la inmersión más impresionante fue la primera vez que tuve un encuentro con el tiburón ballena, porque puede medir hasta 18 metros. En mi caso, la primera vez que lo vi era un ejemplar de unos ocho metros, no demasiado grande, pero acostumbrada a ver peces más pequeños a diario me impuso mucho. Y lo ves con esa calma, buceando tranquilo, va y vuelve, juega con tus burbujas… Es algo impresionante que te deja paralizada. En mi caso, sólo podía llorar de la emoción. Llevaba ocho o nueve meses esperándolo. Es un animal muy amigable y nada peligroso.
¿Alguna anécdota, sentimiento de riesgo, algo curioso que te haya ocurrido?
La anécdota de riesgo mayor que he podido tener es la primera vez que conduje aquí una moto. Al circular por el lado contrario al de España y sumando lo caótico que es aquí el tráfico, por unos días temí un poco por mi vida. Pero luego entras en su propio caos y es un gusto darte tus paseos en moto por la isla, y es algo que disfruto mucho.
¿Tienes algún reto?
Uno sería fotografiar tiburones. Me encantaría fotografiar tiburones martillo y tiburones zorro. En próximos destinos y viajes espero poder cumplirlo, ver estas especies de manera natural y sin interferir en su comportamiento, sin alimentarlos.
¿Qué es lo que más te gusta de la cultura tailandesa? ¿Y lo que más te sorprende?
Me gusta que la gente vive de una manera muy diferente a como estamos acostumbrados nosotros a vivir. Tienen una expresión, ‘sabai sabai’, que quiere decir ‘todo está bien, no pasa nada, toma con calma esto que te está pasando, no es tan importante’. Es algo que nosotros también deberíamos aprender, y es algo que me gusta mucho.
Lo que más me sorprende quizás es cómo conviven con la modernidad, siempre con un respeto muy fuerte por su historia, la religión —el budismo, evidentemente— y la monarquía. Quizás es un equilibrio que no había visto en España, porque no ves que todo el mundo crea en algo de manera general; nosotros estamos quizá más polarizados.
¿Es muy diferente tu vida ahora que en Estella? ¿Qué se echa de menos?
Realmente mi vida ha cambiado mucho. No solo el clima, mi trabajo ha cambiado. La vida aquí es muchísimo más tranquila. Aunque trabaje muchas horas es algo que me apasiona y espero poder seguir creciendo.
Me doy cuenta de que necesito muchas menos cosas de las que tenía en España. Cuando vivimos en una sociedad un poco más avanzada creemos que necesitamos más, y en realidad me doy cuenta de que para vivir no necesito más que una moto que me lleve a los sitios y cuatro camisetas en la mochila. Es una vida mucho más sencilla, con menos lujos. Mi casa ahora es más pequeñita, pero con mi balcón en medio de la selva, rodeada de palmeras. Me he dado cuenta de que no necesito más.
¿Qué has aprendido de ti misma al mudarte fuera de casa?
La capacidad de adaptación que yo misma me he ido construyendo. Llegué a un país sola completamente para comenzar desde cero en un trabajo nuevo que nunca había hecho. Esa superación de retos me emociona mucho y mirar atrás me hace sentir orgullosa.
Top 3 de buceo desde Koh Tao
1. Sail Rock. “A unas dos horas de Koh Tao. Roca en medio del azul en la que bucear y ver distintos tipos de túnidos en bancos muy grandes, barracudas y tiburón ballena, por ser punto de buceo profundo donde van a alimentarse. Ideal para quienes disfrutan de la vida marina macro”.
2. South West. “Menos alejado de Koh Tao, pero igualmente espectacular. Siempre hay trevallies cazando: es un espectáculo quedarte ahí flotando y ver cómo se alimentan”.
3. White Rock. “A 20 minutos de la isla de Koh Tao. Punto de buceo más fácil y con menos corrientes. Muy bonito, lleno de coral y bancos de peces. Más tranquilo para buceadores que se están formando, que son la mayoría de los que vienen a Koh Tao“.
