Homenaje a cuatro vidas en pareja

Homenaje a cuatro vidas en pareja

Ramón Marcián Marín, Concepción San Martín Vidondo, Fernando Ganuza Martínez y Carmen Lozano Carrasco serán el foco de atención el lunes de fiestas en la plaza de los Fueros.

El Día del Mayor ya tiene sus protagonistas. Dos matrimonios con historias muy diferentes, con Estella como punto de unión, y que serán homenajeados por el Ayuntamiento, en colaboración con la Asociación de Jubilados, Viudas y Pensionistas Ega. Se trata de Concepción o ‘Conchita’ San Martín Vidando, de 83 años y mujer de Ramón Marcián Marín, de 79 y miembro de la junta del Club de Jubilados, y Fernando Ganuza Martínez, de 81, casado con Carmen Lozano Carrasco, de 73, ambos socios del mismo club desde su fundación.

“Dos matrimonios con historias muy diferentes, cuyo punto de unión es Estella“

La jornada del lunes empezará con una misa en la iglesia de San Juan Bautista, para continuar en la plaza de los Fueros, donde se hará el homenaje, que consistirá en la entrega de placas conmemorativas por parte del Ayuntamiento, así como de flores y boinas otorgadas por la peña San Andrés. Después podrán disfrutar de un concierto de jotas y, finalmente, de un aperitivo en el club de jubilados. 


Ramón Marcián Marín y Concepción San Martín Vidondo

 “Las fiestas han cambiado mucho durante todos estos años, antes eran mejores”

Concepción San Martín Vidondo y Ramón Marcián Marín se conocieron en París. Él de Barcelona y ella de Estella, ambos trabajaban allí y coincidieron en un baile. Se conocieron, se enamoraron y ya llevan medio siglo casados. Dos inmigrantes que pasaron 44 años en Francia. Casi toda una vida en la que crearon una familia: tuvieron cinco hijas -que les han dado ocho nietos-, cuatro nacidas allí y una aquí, en Estella, y de las cuales dos viven en el país franco y tres en la ciudad de la estrella. Ellos dos, desde los 90, cuando se jubilaron, viven también en la localidad navarra, lugar que nunca dejaron de lado, ya que venían cada agosto a sus fiestas.

“Las fiestas han cambiado mucho durante todos estos años. De jóvenes no las vivíamos como se viven ahora. Antes eran mejores, no había chabisques, así que todos estábamos en la calle: almorzábamos, íbamos a las vaquillas, nos sentábamos por ahí y cantábamos o bailábamos con las peñas… había ambiente y todo era alegría. Ahora en la calle hay música, pero hay menos gente y la que hay está aburrida, nadie baila”, cuenta Conchita San Martín.

“Tampoco había dinero, así que lavábamos la ropa en el río, la ropa que utilizábamos esos días, y de paso aprovechábamos y nos dábamos un baño. Lo pasábamos bien”, añade la mujer, que aunque le tocara trabajar participaba siempre en los novillos para las chicas. “Eran tiempos duros, vivimos la guerra, la posguerra… no lo hemos pasado mal, pero tampoco ‘bien’; teníamos más conformismo que ahora, disfrutábamos con lo que podíamos”, apunta su marido, Ramón Marcián. “Ahora también lo hacemos, el Viernes de Gigantes preparo comidica con los nietos, sólo los nietos, sin los padres; y todos los años vamos a los toros y a la música por la noche”, termina diciendo San Martín. Para ella, los mejores actos son las vacas y los toros. De hecho, tiene una cicatriz en el brazo de un encierro.


Fernando Ganuza Martínez y Carmen Lozano Carrasco


“Cuando vine a Estella y llegaron las fiestas, rompí tres pares de alpargatas de lo mucho que bailé”

Fernando Ganuza Martínez y Carmen Lozano Carrasco se conocieron en fiestas de Ayegui, a sus 17 y 25 años, respectivamente. Desde Zamora, ella llegó a Estella, donde ya vivían tres de sus hermanos. Lozano recaló en la ciudad del Ega desde Artavia, a sus 18, para trabajar en la fábrica de Curtidos de los Ruiz de Alda. Se casaron en San Pedro de la Rúa en una boda doble, a la vez que el hermano de Ganuza, y desde entonces llevan 53 años como marido y mujer en Estella. Tuvieron cuatro hijos, tres chicas y un chico, y seis nietos. 

Coinciden con la otra pareja de homenajeados en que las fiestas de antes eran mejores. “Cuando vine a Estella y llegaron las fiestas, que todavía era soltera, rompí tres pares de alpargatas de lo que bailé. Ahora no son más que para chabisques, borracheras… nosotros si bebíamos, era una botella para todos de vino con gaseosa, porque no había dinero para más, y aprovechábamos el día y descansábamos por la noche. Había mucho ambiente y todos cantábamos y bailábamos. Siempre se oía a gente cantar y se les veía bailar; las mujeres barriendo y ¡cada jota…! Ahora parece un entierro y todos están encerrados”, recuerda Carmen Lozano. 

Su marido, Fernando Ganuza, participaba muy activamente de las fiestas: tocaba en la rondalla y disfrutaba mucho, aunque hoy dice que, por él, “mejor si las fiestas ya se hubiesen pasado”. Como apunte anecdótico, la pareja es una de las primeras que formó parte del club de jubilados Ega, sus números de socios son el 17 y el 18. 

BODA FAMILIAR

En la foto antigua, Fernando  Ganuza y Carmen Lozano están bailando. Si la de la pareja anterior hacía referencia a la música, ésta apela a la danza, dos elementos intrínsecos a la fiesta. Por la misma razón que la otra fotografía, tampoco pertenece a las fiestas de Estella, sino a la boda de la hermana pequeña de Ganuza. En la fotografía aparece la pareja y uno de sus hijos con 3 años.

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Recuerdos de Francia

En la fotografía aparecen Ramón Marcián y Conchita San Martín en una coral en la que ella cantaba en Francia; otra seña más de la alegría de antaño. De fiestas no tienen imágenes, porque como el dinero que había era el justo, en las casas no había cámaras. En su lugar se desplazaba un fotógrafo desde Logroño, que cobraba por las fotos. 

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