
Entre una cámara y la comida, ¿con qué te quedas?
Con la comida, claro. Si mañana me cierran las redes, no voy a llorar.
¿Prefieres cocinarla o comértela?
Disfruto mucho cocinando, pero a mí me gusta cocinar porque me gusta comer. Por el buen comer he tenido pasión siempre.
¿Cómo surge tu interés por los alimentos y por el buen comer?
Por mi madre y por mi abuela. Recuerdo siempre a mi madre yendo al mercado a comprar borraja, algo que los niños normalmente no quieren ni ver. Para nosotros era algo del día a día: alubia, borraja, cardo, pimiento…Todos los días había un primero y un segundo, cosas elaboradas, nada de precocinados. Las veía pasarse horas cocinando. Ahora mismo, mi abuela, con 93 años, ahí la tienes, subiendo y bajando escaleras con una tortilla de patata de un kilo en la mano. Una locura. La buena cocina es algo que me ha sido inculcado. Y siempre, desde pequeño, me ha gustado curiosear, probarlo todo.
¿Es una suerte vivir en un territorio muy provisto de producto de calidad?
Tenemos que estar muy orgullosos de donde vivimos, porque tenemos la mejor gastronomía del mundo. El respeto que hay aquí por el producto, por la huerta navarra, es grandísimo. Llevar la borraja, las alubias o el tomate a la excelencia solo lo hacemos aquí.
¿Qué tal come la gente joven hoy en día?
Creo que llevamos una dirección irremediable hacia los precocinados. Pero esto no depende tanto de los jóvenes. Ocurre que no se le dan facilidades al agricultor y al emprendedor. ¿Qué pasa entonces? Que los jóvenes van al supermercado sin ver nada más que el precio y compran el producto más barato.
Existe una competencia desleal. Si en Marruecos o en Perú la mano de obra es cinsco veces más barata y pueden utilizar ciertos fertilizantes que aquí están prohibidos, el producto de allí va a ser más barato. Mientras que aquí hay restricciones, el de allí puede hacer lo que quiera.
“Llevar la borraja, las alubias o el tomate a la excelencia solo lo hacemos aquí”
¿En tus vídeos apuestas por dar visibilidad a lo de siempre?
Me gusta darle visibilidad al producto e incidir en que no se pierdan esas cosas buenas que hacían y comían nuestros abuelos. Entiendo que la cocina evoluciona, pero defiendo nuestro producto y las recetas tradicionales, que es lo que se está perdiendo.
Antiguamente todas las recetas se basaban en el producto. Con poco se hacía mucho. Con huevos, leche y harina se sacaban unas natillas, una crema pastelera, un pastel vasco, un flan, unas torrijas… Con cuatro ingredientes se hacían mil postres diferentes. Ahora están llegando influencias de otros lados muy potentes, muy poco saludables y que, sobre todo, se intentan vender a precio de oro.
Mientras que con un litro de leche y poco más comen natillas diez personas, ahora triunfan cosas llamativas, como el chocolate Dubai, que cuesta 20 euros, mientras que las natillas se quedan a un lado. Está bien probarlo todo, pero da pena que se pierda lo nuestro.
¿Menos es más?
Sí. Al final, esa ha sido nuestra cocina. Hay cosas más elaboradas, pero es que aquí te vas a un asador y con unos pimientos del piquillo bien hechos, una chuleta o un rodaballo ya no necesitas más. Claro que todo tiene sus trucos para saber hacerlo bien e, insisto, la calidad del producto es fundamental.
¿Qué objetivos tienen tus contenidos?
No sé dónde está el límite ahora. He tenido uno de los crecimientos más fuertes de España en las redes, y está siendo todo una completa locura. Los objetivos los he cumplido: llegar a la gente joven, inculcarle estas cosas, la buena alimentación. El único objetivo que tengo ahora, más que para la gente, es para mí: no aburrirme de hacer esto, porque lleva mucho trabajo. Realizo muy pocas colaboraciones, intento mantenerme puro y no plegarme a marcas cuyos productos igual no me gustan.
Hoy (por el día de la entrevista), por ejemplo, sí he subido una colaboración de una máquina de hacer helado que me ha gustado al probarla. He hecho un helado con tomate y stracciatella, todo casero y muy bien. Pero es verdad que este ritmo que llevo es un desgaste porque cada vídeo puede suponer una semana de trabajo.
¿’Urrapetito’ no se vende?
No. No me voy a vender si no lo he hecho ya. Me han puesto cifras de cinco dígitos encima de la mesa y las he rechazado. Marcas grandes, de las que yo he renegado en supermercados, y las he rechazado porque no me da la gana. Podría vivir mucho mejor. Podría ganar con las redes cinco veces más de lo que puede ganar cualquier persona. Pero yo me mantengo a lo mío, tranquilo y, sobre todo, con la conciencia limpia. A mí nadie me va a decir lo que tengo que enseñar a la gente, porque también tengo un público muy fiel. Si digo “compra esto”
y es una mierda, el primero que se queda sin dormir soy yo.
¿Puedes vivir de estos ingresos?
Muy poco. Los seguidores y las visitas en Facebook y Youtube dan tres cifras, las marcas te pueden dar cinco. Pero, como digo, yo promociones decido hacer pocas.
¿Qué hay detrás de la realización de un vídeo que puede durar 90 segundos?Lo primero es la idea, muchas las descarto. Hay que ver cómo se hace la receta o la preparación, recabar información, tomar unas pautas… Mis vídeos tienen muchísima preparación y creo que gracias a eso estoy donde estoy. Después viene la recopilación del producto y ya la grabación, con ayuda de mi pareja. Mi estilo es siempre hablar y mirar a cámara. Como digo, sigo unas pautas, pero entre pauta y pauta, surfeo. Me muestro como
soy, si tengo que soltar un juramento o me viene algo que creo que tengo que decir, lo suelto. Por último, llega el proceso de edición, que es simplemente cortar y pegar. Es lo más fácil de todo. A mí me encanta editar. Lo que tienen de diferente mis vídeos es que igual hay 70 planos diferentes y cada plano lleva a la gente a un sitio diferente.
¿Lo que elaboras está bueno?
Yo, cuando cocino, suelo cocinar para cinco, seis o siete personas. Suelen venir mis familiares con el táper. Y me dicen que no hay nada que me salga mal.
Más de 2,5 millones de seguidores en Instagram, que es donde estás ahora mismo. ¿Cómo lo has procesado?
Al principio mola, está bien, pero luego cansa. Por ejemplo, en Fiestas de Estella hubo un momento en lo Viejo que me paraba todo el mundo y me tuve que ir. El otro día en Pitillas, 20 o 30 personas me hablaron en un concierto, en Peñíscola me reconocen… Estoy orgulloso de que la gente me conozca por algo bueno, como es divulgar el producto de la zona, que yo considero que es algo necesario; sienta bien, por un lado, pero por otro, asusta. No soy una persona que se relacione demasiado, me gusta estar tranquilo en mi casa y con mi gente.
¿Cómo gestionas a los ‘haters’?
En este mundillo hay gente que traga, traga, traga y al final revienta. En mi caso, con el primer comentario malo que me ponen, paso al “a ver quién la tiene más grande, tú o yo”. Soy una persona que no se echa para atrás.
Las estadísticas hablan: por cada 100.000 personas que ven un vídeo, hay un ‘hater’. Si mis vídeos llegan a dos millones, suman 20. Entonces, ¿qué pasa? Que he llegado a un punto en el que no pierdo el tiempo. Me encantaría darme de golpes con ellos en comentarios, pero lo que hago es coger el comentario y fijarlo. Y cuanto la gente ve un comentario fijado de un hater, hay cinco comentarios más insultándole. Dejo que la gente haga el trabajo por mí. A los comentarios constructivos sí les hago caso.
¿Cómo te defines, quién hay detrás de ‘Urrapetito’?
Yo soy una persona normal. Y siempre me he llevado bien con todo el mundo.
¿Por qué crees que la gente te sigue? ¿Cuál consideras tu gancho?
Mi gancho es cómo soy. Delante de la cámara, si tengo que soltar un juramento, lo suelto. Soy como soy, no actúo. El humor sarcástico me sale solo. El vuelco en mi cuenta se dio cuando pasé de grabar con el móvil para ponerle después voz en off a cuando me puse yo delante de la cámara. Tengo chispa y fue a partir de ahí cuando cambió todo.
¿Tienes algún reto personal?
En cuanto a seguidores, mi objetivo era llegar a 10.000, después llegar a 100.000, luego a un millón, millón y medio, dos millones… Ahora ya no me pongo reto porque con dos millones y medio, me sobra. Quiero seguir haciendo las cosas que me gustan y ser embajador de los productos de la tierra de Navarra.
Cuatro en línea
Tu especialidad culinaria. “Los pimientos del piquillo como entrante son mi plato estrella”. ¿Tu ingrediente fetiche? “El ajo. Sin ajo no hay plato. La lisina que tiene es un potenciador de sabor increíble”. Un ingrediente que no soportes. “Diría que ninguno”. Tu vídeo más visto. “Uno sobre la preparación de lomo curado. Tuvo diez millones de visualizaciones”.
