La belleza de un cementerio centenario

La belleza de un cementerio centenario

Eugenio Barbarin, alcalde de la localidad, cuida el pequeño camposanto de manera voluntaria

VVillamayor de Monjardín cuenta con un pequeño y bello cementerio. Hace unos 100 años, se decidió trasladar el camposanto fuera del pueblo por motivos sanitarios, ya que se situaba al lado de la iglesia de San Andrés. Eugenio Barbarin, de 55 años, es el alcalde de Villamayor de Monjardín desde hace 20 años. Al ser el cementerio propiedad del Ayuntamiento, el primer edil siente la necesidad de cuidar esta pequeña joya, de tierra rojiza, durante todo el año.

“Aquí tengo a todos mis abuelos y a mis padres. Creo que es un lugar que hay que cuidar. Cada familia mantiene la zona en donde están enterrados sus familiares, pero suelo venir durante el año y paso el rastrillo para que quede todo limpio”, explicaba Eugenio Barbarin a Calle Mayor. El cementerio de Villamayor llama la atención por su tierra rojiza y el riguroso orden de las sepulturas de tierra. Alberga dos panteones, uno privado y otro de vencimiento. “En Villamayor de Monjardín se sigue un orden riguroso a la hora de enterrar. Al entrar, de derecha a izquierda. Cuando deja de haber sitio, se comienza de nuevo. En 100 años se ha llenado dos veces y vamos por la tercera tanda”, informaba Barbarin. También detallaba que en alguna ocasión no se cumple ese orden como por ejemplo en el caso de los matrimonios. “Últimamente lo que se hace en caso de matrimonios mayores es que cuando se entierra a uno de ellos se hace el agujero más grande para poder enterrarlos juntos, después. Si pasan dos años entre el fallecimiento de uno y otro, se les puede enterrar a uno encima del otro”, detallaba el alcalde de la localidad. Uno de los privilegios que tienen los vecinos es que si están empadronados, la familia no tiene que pagar las tasas para enterrar el cuerpo en el cementerio, es decir, para los vecinos empadronados, es gratis.

La capilla y el olivo

Al lado del cementerio de Villamayor de Monjardín hay una pequeña capilla de la Exaltación de la Cruz, que tiene un olivo plantado a su vera. Calle Mayor pudo comprobar las enormes olivas que colgaban de sus ramas. “Esta capilla sólo se abre en Semana Santa, el Viernes Santo, y las olivas las suele recoger el que quiere el Día de Ánimas, es decir, el 2 de noviembre, porque dicen que la oliva está en su punto”, detallaba Eugenio Barbarin.

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