ASOCIACIONES – Voluntariado del hospital de Estella – Un acompañamiento deseado

Quince personas forman el grupo de voluntarios del García Orcoyen. Dispuestas a atender las necesidades de los enfermos que requieran de sus servicios. Los integrantes se rigen por los principios del respeto y la confidencialidad

El Grupo de Voluntariado del Hospital de Estella comenzó a gestarse en 2008 y fue en octubre de 2009 cuando empezó a funcionar. El colectivo, cuya sede se encuentra en la planta baja del centro hospitalario, lo integran actualmente quince personas -algunas voluntarias desde el principio- y también nuevas incorporaciones; todos ellos con la vocación de acompañar y de dar conversación a los enfermos hospitalizados que lo soliciten, así como a sus familiares.

La idea nació del ímpetu de quien, desde los inicios, ejerce de coordinadora y también de secretaria, Maribel Sanz García. La vecina de Estella fue anteriormente voluntaria en el hospital San Juan de Dios, en Pamplona, en el grupo que dirigía Fermín Arraiza, quien le animó a desarrollar la misma función en Estella. “No pensaba hacer esto, sino que hablé con la trabajadora social del hospital, quien me invitó a formar parte del Comité Bio-ético del hospital. A raíz de ello conocí a la Asociación de Voluntarios del Hospital de Navarra, seguí su proyecto, se lo planteé a la directora del García Orcoyen, Marisa Hermoso, y formaros la junta directiva. Era un momento bueno porque cada vez hay más personas mayores en el hospital y nuestra labor complementa la sanitaria”, cuenta Sanz.

La junta directiva la preside Marisa Hermoso de Mendoza; Cristina Alonso Ganuza es la vicepresidenta; Marta Azcona Muneta, la tesorera; Maribel Sanz García, la secretaria, y las vocales, Julia Cárdenas Segura y Asun Arrastio Corres. Actualmente, el grupo de voluntarios lo completan Carmen Arnedillo Sánchez, Juan Ignacio Sanz Zudaire, Mónica Gallego Hernando, Pili Fernández de Legaria Díaz de Ilarraza, Josefina Leorza Muñoz, Raquel Asarta Epenza, Miren Larruzea Arrasate, Felisa Fernández Rosquil y Josefa Villar Lafuerza. En total, catorce mujeres y un hombre, con un rango de edades que abarca desde los 40 hasta los 80 años, y con los perfiles de jubilados, amas de casa y también trabajadores.

El grupo funciona en coordinación con Enfermería, cuyo personal detecta las necesidades que existen entre los pacientes hospitalizados. Cada voluntario se compromete a dos horas de servicio de acompañamiento a la semana, con prioridad para las personas mayores. “Es un equipo de gran calidad humana y gracias a ello podemos llevar adelante el proyecto sin problema”, añade Maribel Sanz.

Abierto a nuevos miembros

No obstante, el colectivo realiza un llamamiento a la ciudadanía ante la necesidad de nuevas incorporaciones que permitan cubrir las bajas que surgen. El compromiso de todos y cada uno de los voluntarios es completo. “Si quieres colaborar, tienes tiempo y estableces prioridades. A veces tienes que dejar otras cosas pero compensa”, añade otra de las voluntarias, Julia Cárdenas. “Estamos encantados de recibir a voluntarios, a personas normales, con familia, con hijos, que tengan dos horas a la semana para dedicar”, destacó la coordinadora.

El colectivo se ha convertido en una gran familia con un objetivo y una filosofía común: promover la cultura del encuentro, del compromiso en la sociedad, impulsar una convivencia sana basada en el respeto y el entendimiento al enfermo y a la familia. “Se trata de hacer el bien a los demás con prudencia y sabiendo estar siempre en nuestro sitio”.

En su labor, la formación tiene un gran peso. Los voluntarios aprenden cada día de la experiencia y el tiempo compartido con los pacientes, pero también de los profesionales. Además comparten un código ético, el secreto de confidencialidad, imprescindible en su labor. “Todo lo que sabemos se queda aquí. Llegas, te pones la bata y eres voluntario. Terminas, te quitas la bata, y eres tú. Esto es también por nosotros mismos, porque es muy importante dejar los problemas en el hospital, aunque a veces te acuerdes de alguno de los pacientes y el trabajo es duro porque ves la enfermedad”, añade Julia Cárdenas.

El tiempo dedicado, el esfuerzo invertido, siempre tienen su recompensa. “Los pacientes nos acogen bien. En muchas ocasiones recibes bastante más de lo que das”, apunta el único voluntario varón, Juan Ignacio Sanz Zudaire. “Para mí ser voluntaria es muy satisfactorio. Los pacientes te dan lecciones de vida, con ellos aprendes día a día, y el agradecimiento que tienen hacia ti te llena”, añade otra de las integrantes del grupo, Asun Arrastio Corres. “Yo opino que ser voluntario es el arte de la amabilidad; una sonrisa a tiempo, una palabra a tiempo”, apunta Julia Cárdenas.

La labor del acompañamiento diario, de lunes a viernes, de 11 a 13 horas y de 17 a 19 horas, y en ocasiones especiales sábados y domingos, se completa anualmente con dos actividades centrales: la celebración del Día del Enfermo en mayo y el Día del Voluntario en diciembre. Con el objetivo de contribuir a una comparecencia de los enfermos más agradable, el grupo ha realizado en una ocasión un cuenta-cuentos en Pediatría, a cargo de la voluntaria Mónica Gallego, que se repetirá en futuras ocasiones.

DATOS


FORMACIÓN: El 9 de octubre de 2009.
INTEGRANTES: Actualmente, 15 personas.
FINANCIACIÓN: Reciben el apoyo del Hospital en la cesión de un local en la planta baja del centro y también ayudas económicas de Fundación Caja Navarra y Obra Social La Caixa.
ACTIVIDADES: Cada año el grupo organiza el Día del Enfermo, en mayo, y el Día del Voluntario, en diciembre. En diciembre, la coral Ereintza colabora con un mini-concierto en el centro.
CONTACTO: 848-435163 y voluntariado015@cfnavarra.es

Maribel Sanz. Coordinadora

“El voluntariado es parte de mi vida”

¿Qué te aporta personalmente formar parte del colectivo?
Me aporta tanto que es difícil explicar, para mí es parte de mi vida. Lo siento así. Es una labor que comparto con un grupo de personas que me aportan muchísimo desde el punto de vista formativo y personal. Quería también decir que lo que sé sobre voluntariado lo aprendí con Fermín Arraiza, el que era responsable del grupo de voluntarios de San Juan de Dios, del que antes fui voluntaria. De él aprendí cómo hacer las cosas.

¿Es una tarea, la de coordinadora, fácil de realizar?
No siempre. Tampoco es que sea difícil, pero para mí supone hacer algo para lo que antes no estaba preparada. Es algo laborioso pero lo hago desde el amor. Para mí es muy importante que en esto del voluntariado estamos todos juntos; nos conocemos, nos relacionamos y hacemos que la labor sea posible.

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