Aquellos Reyes de mi infancia

Aquellos Reyes de mi infancia

Tres vecinos de Estella retroceden en el tiempo y recuerdan cómo vivían de niños la noche más especial del año

No eran tiempos de abundancia pero sí de pequeñas cosas que alcanzaban un valor incalculable. La prueba son los recuerdos de tiempos pasados que, en su opinión y en algunos aspectos, fueron mejores. Los recuerdos y las emociones de las navidades y de las noches de Reyes de la infancia de Mª José Aguirre Pascual, Jesús Azanza Imaz y Milagritos Ruiz Eraso permanecen intactas en su memoria. Más de seis décadas después, los tres vecinos de Estella reviven la ilusión de aquellos días cuando un regalo, uno sólo y el único del año, era muchísimo más de lo que cabría esperar.

No eran tiempos de abundancia pero sí de pequeñas cosas que alcanzaban un valor incalculable. La prueba son los recuerdos de tiempos pasados que, en su opinión y en algunos aspectos, fueron mejores. Los recuerdos y las emociones de las navidades y de las noches de Reyes de la infancia de Mª José Aguirre Pascual, Jesús Azanza Imaz y Milagritos Ruiz Eraso permanecen intactas en su memoria. Más de seis décadas después, los tres vecinos de Estella reviven la ilusión de aquellos días cuando un regalo, uno sólo y el único del año, era muchísimo más de lo que cabría esperar.

AGUIRRE

Mª José Aguirre Pascual
“No llegaba más que un regalo, pero éramos felices con
lo que había”

Ella y sus hermanos limpiaban de víspera los zapatos y, bien brillantes, los dejaban en el ventanal acompañados de galletas María y de chocolate Orbea. “Y estábamos toda la noche pendientes de si oíamos algo, de si venían o no venían, pero la realidad es que no veíamos nada. A la mañana siguiente nos encontrábamos los regalos y era muy bonito porque lo disfrutábamos mucho. No llegaba más que un regalo, pero éramos felices con lo que había”.

Cuenta Aguirre, abuela de cuatro nietos, que el 6 de enero era un día de salir a la calle. “Teníamos que enseñarnos los juguetes, juguetes que en la mayoría de los casos no llegaban ni a la noche, porque se rompían. Los chicos recibían pelotas, balones y triciclos y nosotras, muñecas, cocinas… cochecitos de bebé se veían pocos… La verdad es que los roles estaban bastante diferenciados, pero a la hora de jugar jugábamos con todo. Hacíamos de indios y vaqueros, nos disfrazábamos y, sobre todo, recurríamos a la imaginación. Construíamos camiones con cajas de cartón y preparábamos cayucos para el río”.

Las cosas han cambiado mucho en las últimas décadas. Mª José Aguirre compara su infancia con la que ahora tienen sus nietos. “Con nuestros regalos se podía jugar, ahora son muy sofisticados y reciben muchísimos. Los niños de hoy no saben apreciar las herramientas que tienen para desarrollar su imaginación y aprender, y son mucho más individualistas”.

De sus juguetes de la infancia, Aguirre recuerda las muñecas de cartón, que eran sus favoritas, los tebeos de Azucena y El guerrero del antifaz, porque le encantaba leer y, sobre todo, un cantarico de agua que le regaló su madrina y que un día se le cayó al suelo y se lo pisó el caballo. “¡Qué disgusto me llevé! Era un regalo que lo recuerdo con mucho cariño”.

AZANZA

Jesús Azanza Imaz
“En aquellos años había un fuerte sentido religioso
que hoy en día ya no lo es tanto”

El estellés se refiere a sí mismo como “cura casado” y le acompaña una larga trayectoria profesional como abogado. Antes de ingresar en el seminario con 12 años, recuerda las navidades en casa junto a sus padres y su hermana. “Vivíamos con austeridad, pero no faltaba de nada. En Navidad, a veces venían invitados el hermano de mi padre y su mujer y en la mesa se servía el cardo y la sopacana. La Navidad culminaba con la noche de Reyes, que los niños la vivíamos con una ilusión desbordante, tremenda. Los Reyes nos traían una culebrica de mazapán y siempre teníamos un regalo mayor envuelto en mucho papel”, explica.

El regalo podía ser un balón, cuentos como el de Blancanieves, Pinocho o Juan Centella o juegos de construcción para hacer arcos y castillos; pero Jesús Azanza recuerda, sobre todo, un rompecabezas. “Con él aprendí las capitales de Europa y del resto de los continentes, con tan sólo 7 años”.

El estellés rememora el periodo navideño con mucho cariño, pero recuerda también la pena que sentía cuando regresaba al seminario. “Era durísimo con 12 años tener que dejar tu hogar y marchar para Pamplona. Hubo también navidades que no pude salir, aunque un año mi madre se las ingenió para sacarme aduciendo una enfermedad”.

La sencillez de antaño contrasta con la abundancia de hoy en unos árboles de Navidad repletos de paquetes. “Ahora inundamos a los niños con regalos, entre los abuelos, los padres… Se pierden entre tanto juguete. La Navidad se ha mercantilizado. La ilusión que antes sentíamos no es la de ahora”.

MILAGRITOS

Milagritos Ruiz Eraso
“Esperábamos la llegada de los Reyes
haciendo ‘chundas’ con las tapas de las cazuelas”

Como para todos los niños de la época, la fecha era todo un acontecimiento; una oportunidad para abrir un paquete y descubrir un nuevo juguete, que solían ser, en el caso de Milagritos Ruiz, muñecas la mayoría de las veces. “Mi favorita era una muñeca andadora, que yo la recuerdo muy grande y que llegó por Reyes. Yo la verdad es que, como hija sola, cuidaba mucho los juguetes, e incluso hoy en día conservo de entonces una muñeca de cartón muy bonita”, añade.

Aunque no faltaba para comer y el resto de necesidades básicas estaban cubiertas, lo superfluo escaseaba y, por eso, los juguetes caros sólo los tenían unos pocos niños en Estella. “Así como patines había en todas las casas, bicicletas apenas se veían y los chicos nos pasábamos horas frente al escaparate de Pío, donde el ayuntamiento, que era la única juguetería de Estella. Estaba repleta de cosas preciosas. Ponía los escaparates temáticos, una cristalera con muñecas, otra con escopetas, otra con tambores…”.

Milagritos Ruiz es madre, también abuela y su vida profesional estuvo ligada desde 1986 hasta 1992 a una juguetería que regentaba en la calle Mayor. “En los años de mi negocio se vendían muchos juguetes, era un sector muy fuerte por los anuncios y las modas y comenzaban a abrirse las grandes superficies, pero aun así, no era lo de ahora. A los niños de hoy no les falta de nada, más bien les sobran juguetes y hay que recogerlos y guardarlos porque no saben ni lo que tienen. Para ellos, Reyes es todos los días y piden esto y piden aquello. Estamos en la sociedad del consumo, pero nosotros, los abuelos, hemos disfrutado mucho más con menos”.

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